domingo , 27 septiembre 2026
Lección E. Sabática 2017

CONVENCER DE PECADO

 

Lee Juan 16:8 y 9. ¿Qué obra crucial hace por nosotros el Espíritu Santo, y por qué es tan importante?
Jesús llama parakletos al Espíritu Santo, una palabra rica en significado, y que transmite la idea de ayudador, abogado y consolador. El Espíritu Santo no se lanza a esta obra importante de convencimiento como el acusador de los hermanos o como fiscal. Él no es enviado por Jesús para condenarnos sino, más bien, para ayudarnos a ver nuestra necesidad de la gracia de Dios.

Solamente un consolador será recibido como un ayudador. Es una gran tragedia que los cristianos, por más bien intencionados que sean, a menudo se acerquen a los pecadores con un espíritu acusador en vez de ayudador. Si andamos por allí señalando el pecado en la vida de las demás personas, estamos haciendo,
entonces, algo que Jesús no nos ha llamado a hacer. Después de todo, ¿quiénes somos nosotros para señalar el pecado en los demás cuando nosotros mismos no estamos libres de pecado?

Lee Romanos 2:1 y Mateo 7:3. ¿Qué mensaje debemos extraer de estos versículos?
Somos testigos de Dios, no acusadores de parte de Dios. Somos llamados a ser testigos del poder redentor de Dios, no a condenar a otros por sus equivocaciones.
Al intentar convencer a los demás de sus pecados, asumimos un papel que no nos pertenece; esa es obra del Espíritu Santo.
Es el Consolador, no nosotros, el que “convencerá” (Juan 16:8) al mundo de lo que el pecado realmente es.

En general, las personas que no han entregado su vida a Jesús no tienen una comprensión real de lo que el pecado verdaderamente es y de cuán destructivo puede llegar a ser.
La idea aquí no es que el Espíritu Santo hará una lista de actos erróneos. Más bien, el Espíritu va al pecado subyacente:
incredulidad en Cristo Jesús (Juan 16:9).
Nuestra mayor miseria y alienación no consiste en nuestra imperfección moral, sino en nuestro alejamiento de Dios y en rehusar aceptar a aquel a quien Dios envió con el propósito de rescatarnos de esa condición.

El problema fundamental de todo pecado es que no creemos en Jesús y, por ende, rechazamos al único que puede salvarnos de nuestro pecado y culpabilidad.
Este es el pecado que coloca al yo en el centro de las cosas y rehúsa creer en la Palabra de Dios. Solamente el Espíritu Santo puede abrir nuestro corazón y nuestra mente a la gran necesidad que tenemos de arrepentimiento y de la redención que nos es ofrecida por medio de la muerte de Cristo por nosotros.

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Lección de Escuela Sabática.
EL ESPÍRITU SANTO Y LA ESPÍRITUALIDAD
Lecc. 11. La Obra Del Espíritu Santo

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