«Por esto, mis amados hermanos, todo hombre sea pronto para oír, tardo para hablar, tardo para airarse»
Santiago 1: 19.
Los seres humanos están hechos de emociones. Los sentimientos son parte esencial de la vida: lloras, ríes, entristeces, te alegras, te enojas, te sientes melancólico, entre otros. Estos sentimientos no son malos, solo describen cómo se siente una persona. Hoy en día se habla de la inteligencia emocional.
¿Cómo se pueden separar las emociones del ser humano? Es imposible porque Dios lo hizo para sentir. El mismo Jesús experimentó las emociones, pues él fue hecho igual a los humanos. La Biblia dice que fue semejante a sus hermanos. El Señor lloró frente a la tumba de Lázaro, se enojó con los cambistas en el templo, se entristeció hasta la muerte en el Getsemaní, se alegró en las bodas de Canán y se compadeció con la viuda de Naín.
Como se puede notar, los sentimientos son parte de la vida; son necesarios para vivir feliz y entender a los demás cuando están pasando por una prueba dificil. Sin embargo, las Escrituras aconsejan que hay que ser pronto para escuchar, lento para hablar y lento para enojarse. La Biblia está hablando de controlar las emociones. Es imposible no sentirlas, pero es posible controlarlas. A esto se le conocería como la inteligencia emocional.
Por supuesto, muchos enojos, que son normalmente los sentimientos que más cuesta controlar, vienen de información o de eventos no esperados, de situaciones que surgen por sorpresa o de frustraciones no esperadas. La Biblia amonesta y dice que mejor es tranquilizarse, escuchar primero toda la historia y analizar detenidamente la información. Reflexiona, tómate un tiempo adecuado y entonces habla. Enojarse es normal, pero que el enojo no se enseñoreé sobre ti, porque cuando permites que el enojo te gobierne, entonces ya no tienes control sobre tu lengua y explotas con palabras que lastiman y hieren a los que te rodean, especialmente a tus seres amados.
Cuando explotas y viene la calma, te das cuenta de que no era necesario actuar así, pero las palabras ya salieron y no las puedes recoger. Lamentablemente, las heridas hechas con palabras tardan mucho en sanar.
Jesús puede ayudarte a gobernar tus palabras y sentimientos, lo único que debes hacer es pedirlo. ¿Quieres pedirle a Dios que te ayude a controlar tus sentimientos sabiamente?
Primero, ármate de valor y pídeles perdón a quienes has ofendido; y después deja que el Señor te ayude a vivir con plenitud gracias a los sentimientos gobernados por él,
porque todo es por su gracia.
Tomado de: Lecturas Devocionales para Adultos 2026
«POR SU GRACIA»
Por: Isaías Espinoza
Colaboradores: Anita Santillán y Silvia García F.
