«Gran remedio es el corazón alegre, pero el ánimo decaído seca los huesos» (Prov. 17:22).
Era un hermoso día otoñal, y mi esposo, Will, y yo saldríamos a recolectar manzanas. Esta sería la primera vez que lo haría y estaba muy entusiasmada. Había juntado calabazas con nuestros niños cuando eran pequeños, pero nunca manzanas. La noche anterior, Will y yo habíamos buscado en Internet plantaciones frutales cercanas. Los sitios web y las actividades promocionadas nos impresionaron, y decidimos que la siguiente vez traeríamos a nuestras nietas para que se divirtieran. Elegimos dos plantaciones que se encontraban a solo media hora de donde vivíamos, aunque en direcciones opuestas. — Los llamaré — dijo Will — , solo para asegurarme de que estén abiertos. Al manejar hacia allí al día siguiente, el clima agradable, las coloridas hojas de otoño y el área rural hicieron que el viaje fuera extremadamente especial. Antes de lo que imaginábamos, vimos un gran cartel pintado hacía poco: Cider Mill Single Family Homes [Hogares familiares de Cider Mill]. Había varias casas en construcción, pero ninguna plantación. — Me parece que aquí estaba la plantación — anuncié. — Probablemente… — respondió Will —. Olvidé llamarlo ntes de salir. Al encaminarnos a casa, marqué el número telefónico la otra plantación; solo para descubrir que el número no estaba en funci amient . Will todavía quería recoger manzanas, así que nos dirijamos hacia la plantación. Hablamos y bromeamos sobre perdernos la posibilidad de recoger manzanas en el lugar anterior. Al acercarnos a la otra plantación, comenzamos a buscar la dirección. A los segundos vi un cartel: «Cerraremos en breve», pero no se mencionaba qué cosa cerraría en breve. Y aunque podíamos ver los manzanos, no había un camino para llegar a ellos. — Con todo lo que manejamos — comentó mi esposo—, podríamos haber comprado toda la sección de manzanas del supermercado. Yo asentí y ambos comenzamos a reír nuevamente. Pronto volvimos a hacer chistes sobre no encontrar plantaciones, desperdiciar combustible y tiempo, seguir sin tener manzanas, guardar los centavos y quedarnos en casa hasta el siguiente sueldo. A menudo, nuestro día se arruina cuando las cosas no se dan como habíamos ideado. Y tenemos dos opciones: ponernos de mal o humor o reír y disfrutar de la tontería. iLa risa es un gran remedio! Pruébalo cuando te sientas abrumada por las preocupaciones de la vida, y nota cuánto mejorte sientes.
L. KITCHING es asistente administrativa de Vicepresidencia de la Asociación General de los Adventistas del Séptimo Día.
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Tomado de: Lecturas Devocionales para Damas 2018
“Bendecida
