martes , 25 agosto 2026
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La Oración

Contraste entre las oraciones genuinas y las falsas

El pobre publicano que oraba diciendo: “¡Dios, ten misericordia de mí, pecador!” (Lucas 18:13) se consideraba a sí mismo como un hombre muy malvado y así lo consideraban los demás, pero él sentía su necesidad, y con su carga de pecado y vergüenza vino delante de Dios implorando su misericordia. Su corazón estaba abierto para que el Espíritu de Dios hiciese en él su obra de gracia y lo libertase del poder del pecado. La oración jactanciosa y presuntuosa del fariseo mostró que su corazón estaba cerrado a la influencia del Espíritu Santo. Por estar lejos de Dios, no tenía idea de su propia corrupción, que contrastaba con la perfección de la santidad divina. No sentía necesidad alguna y no recibió nada.—El Camino a Cristo, 29.

Hay dos clases de oración: la que es una fórmula y la oración de fe. La repetición de frases establecidas y habituales cuando el corazón no siente necesidad de Dios, es una oración de forma… Debemos tener sumo cuidado para que nuestras oraciones expresen los deseos del corazón y lo que realmente queremos decir. Todas las palabras rebuscadas que están a nuestro alcance no equivalen a un solo deseo santo. Las oraciones más elocuentes son vanas repeticiones si no expresan los sentimientos del corazón. Pero la oración que nace del corazón ferviente, (cuando expresamos nuestros sencillos anhelos tal como pediríamos un favor a un amigo terrenal, esperando que nos fuera concedido) esa es la oración de fe. El publicano que subió al templo a orar es un buen ejemplo de adorador  sincero y devoto. Él sentía que era un pecador y su gran necesidad lo indujo a dar expresión a su apasionado deseo: “Dios, sé propicio a mí, pecador”.—Mi vida hoy, 19.

De Cristo se dice: “Estando en agonía oraba más intensamente”. ¡Qué contraste presentan con esta intercesión de la Majestad celestial las débiles y tibias oraciones que se ofrecen a Dios! Muchos se conforman con el servicio de los labios, y pocos tienen un anhelo sincero, ferviente y afectuoso por Dios. La comunión con Dios imparte al alma un íntimo conocimiento de su voluntad. Pero muchos de los que profesan la fe, no saben lo que es la verdadera conversión. No han experimentado la comunión con el Padre por medio de Jesucristo, y no han sentido el poder de la gracia divina para santificar el corazón… La verdadera oración requiere las energías del alma y afecta la vida.—Testimonios Selectos 3:386.

Capítulo 27—Satanás y la oración

“Satanás intenta obstruir nuestras oraciones para impedir nuestro acceso a Dios”

Las tinieblas del malo cercan a aquellos que descuidan la oración. Las tentaciones secretas del enemigo los incitan al pecado; y todo porque no se valen del privilegio que Dios les ha concedido de la bendita oración. ¿Por qué han de ser los hijos e hijas de Dios tan remisos para orar, cuando la oración es la llave en la mano de la fe para abrir el almacén del cielo, en donde están atesorados los recursos infinitos de la Omnipotencia? Sin oración incesante y vigilancia diligente, corremos el riesgo de volvernos indiferentes y de desviarnos del sendero recto. Nuestro adversario procura constantemente obstruir el camino al propiciatorio, para que no obtengamos mediante ardiente súplica y fe, gracia y poder para resistir a la tentación.—El Camino a Cristo, 94.

Hay un gran poder en la oración. Nuestro poderoso adversario constantemente procura mantener lejos de Dios al alma turbada. Una súplica elevada al cielo por el santo más humilde es más temible para Satanás que los decretos gubernamentales o las órdenes reales.— Comentario Bíblico Adventista 2:1002.

El enemigo impide que muchos de ustedes oren, diciéndoles que no sienten lo que oran, y que sería mejor que esperaran hasta que adquieran más del espíritu de intercesión, de otra manera sus oraciones serían una burla. Pero ustedes deben decirle a Satanás: “Escrito está, que los hombres deben orar y no desmayar”. Debemos orar hasta que tengamos el peso de nuestros deseos sobre nuestra alma; y si perseveramos lo tendremos. El Señor nos imbuirá con su Espíritu Santo. El Señor sabe, y el diablo sabe que no podemos resistir las tentaciones de Satanás sin poder de lo alto. Por esta razón el maligno busca impedir que nos aferremos de Aquel que es poderoso para salvar. Nuestro Señor lo hizo nuestro deber, tanto como nuestro privilegio, el conectar nuestra debilidad, nuestra ignorancia, nuestra necesidad, con su fortaleza, su sabiduría, su justicia. Él une su poder infinito con el esfuerzo de seres finitos, de manera que estos resulten más que victoriosos en la batalla contra el enemigo de sus almas.

Que nadie se desanime, porque Jesús vive para interceder por nosotros. Hay un cielo que ganar y un infierno que escapar, y Cristo está interesado en nuestro bienestar. Él ayudará a todos aquellos que lo invocan. Debemos mezclar fe en todas nuestras oraciones. No podemos bajar a Cristo, pero, por la fe, podemos elevarnos a la unidad y la armonía con la perfecta norma de justicia. Tenemos un enemigo astuto que enfrentar y conquistar, pero podemos hacerlo en el nombre del Todopoderoso.—The Review and Herald, 30 de octubre de 1888.

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LA ORACIÓN
   CAPÍTULO 26- “ORACIONES FALSAS
Por: Elena G De White
Colaboradores: Adriana Jiménez & América Lara

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