Pero por cuanto eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca. APOC 3:36.
No queda hoy mucho en Pie, ¡Pero Laodicea debió haber sido una gran ciudad. Está fuera de los caminos conocidos)’ pocos turistas la visitan. Se han hecho muy pocas excavaciones. En sus mejores tiempos, Laodicea era una ciudad de unos 150.000 había antes. Era un importante centro comercial en Asia Menor, una ciudad imperial famosa por la brillante lana negra que allí se fabricaba.
Laodicea era un centro bancario extremadamente rico. Cuando fue destruida por un terremoto en el año 60 d.C. , sus ciudadanos rehusaron recibir ayuda financiera de Roma para reconstruir la ciudad. Los orgullosos laodicenses la levantaron con sus propios recursos. La ciudad también tenía muchos adelantos en medicina. Sus boticarios desarrollaron un ungüento muy famoso para los ojos.
El mensaje de Apocalipsis para Laodicea le llegó a este prospere lugar hacia el final del primer siglo. La carta se refiere a un problema espiritual que nos aflige a casi la mayoría de nosotros en algún momento.
La carta comienza con el diagnóstico que Cristo hace del problema. Él dice: “Yo conozco tus obras, que ni eres frío ni caliente. ¡Ojalá fueses fría o caliente! Pero por cuanto eres tibio, y no frío ni caliente, vomitaré de mi boca” (Apoc. 3:15, 16).
Jesús usa una metáfora para describir un problema espiritual. El agua tibia no es ni caliente ni fría. No es suficientemente caliente para proveer- un buen baño. No es suficientemente fría como para ser buena para beber. Es algo que instintivamente vomitamos de nuestra boca.
De qué está hablando el Doctor? ¿De la complacencia, de la indiferencia? Los laodicenses no eran calientes. No tenían el fuego espiritual en sus entrañas; no tenían pasión por conocer a Dios.
Pero tampoco eran fríos. No habían rechazado a Dios. No estaban buscando esa alternativa. Eran tibios. Tenían suficiente vida espiritual para sentirse cómodos, pero no era suficiente como para movilizarlos. No podían sentirse inspirados como los santos. No podían convertirse como los pecadores.
¿Cuál es la respuesta real para la complacencia espiritual? ¿Cómo se sale del letargo espiritual? Comenzamos dando un paso por fe.
Extiende más allá del límite de su comodidad. Fije un tiempo específico cada día para la oración. Elija un libro de la Biblia y léalo hasta que lo termine. Memorice pasajes de la Biblia. Acepte un desafío misionero en el nombre de Jesús. Usted puede salir de su complacencia espiritual al tomar alguna acción definitiva que le haga ir más allá de lo acostumbrado.
¿Cuál desafío espiritual aceptara hoy?
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