“La sabiduría habita en mentes que razonan, pero entre los necios es desconocida” . Prov. 14:33.

Por el contrario, el afrontamiento, sí lo es. Afrontar tiene que ver con hacer un esfuerzo consciente para resolver un desacuerdo o una dificultad con una persona. Afrontar es darse cuenta del problema y tratarlo de una manera madura, prudente y realista, para llegar a un acuerdo y a una solución, no para tener la razón y seguir cada uno por su camino. La mesura, la prudencia, la consciencia de lo que está sucediendo, acompañan a la persona que afronta las situaciones sin confrontar a las personas. Con esa táctica, rara- mente sale alguien lastimado.
En el hogar, con la familia, así como en la iglesia con nuestros hermanos y amigos, pueden surgir situaciones que nos lleven a estar en desacuerdo. Siempre tenemos una elección que hacer: confrontar a una persona o afrontar un problema (con la persona).
La madurez cristiana debe llevarnos a escoger lo segundo. No obstante, a veces, en la pura reacción, con ánimo rápido, sin razonamiento objetivo, ¡explotamos! El Señor nos dice: “Dichosos los humildes, porque heredarán la tierra prometida” (Mat. 5:5); pero cuán difícil es serlo en ocasiones.
¿Cuáles son tus actitudes frente a las situaciones estresantes?
¿Qué es lo que Dios espera que hagas? ¿Hay coherencia entre ambas? ¿Posees el suficiente sentido común como para contener tu malestar e impedir que tu ira corra como un río de lava?
Muchos hijos aprenden a ser rebeldes por la conducta de una madre beligerante; algunos matrimonios terminan por un exceso de confrontaciones; muchas relaciones en la iglesia acaban por la intrepidez de una lengua que se mueve para hablar sin control.
Querida hermana, Dios nos llama a ser pacificadoras. Cuando tengas un desacuerdo con alguien, afronta las diferencias con amor cristiano.
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Lecturas Devocionales para Damas 2021
“PINCELADAS DEL AMOR DIVINO”
Por: ERNA ALVARADO POBLETE
Colaboradores: Adriana Jiménez & Rosalyn Angulo