viernes , 16 octubre 2026
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Devocional Conflicto y Valor 2026

Confrontación en el pozo de Jacob

 

 

 

Juan 4:4-42.

Mas el que bebiere del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás; sino que el agua que yo le daré será en él una fuente de agua que salte para vida eterna. Juan 4:14.

Cuando Jesús se sentó para descansar junto al pozo de Jacob, venía de Judea, donde su ministerio había producido poco fruto… Se sentía débil y cansado, pero no descuidó la oportunidad de hablar a una mujer sola, aunque era una extraña, enemiga de Israel y vivía en pecado. — El Deseado de Todas las Gentes, 165.

Mientras la mujer hablaba con Jesús, le impresionaron sus palabras… Comprendió la sed de su alma, que las aguas del pozo de Sicar no podrían nunca satisfacer. Nada de todo lo que había conocido antes, le había hecho sentir así su gran necesidad. Jesús la había convencido de que leía los secretos de su vida; sin embargo, se daba cuenta de que era un amigo que la compadecía y la amaba. Aunque la misma pureza de su presencia condenaba el pecado de ella, no había pronunciado acusación alguna, sino que le había hablado de su gracia, que podía renovar el alma…

Dejando su cántaro, volvió a la ciudad para llevar el mensaje a otros… Con corazón rebosante de alegría, se apresuró a impartir a otros la preciosa luz que había recibido.

«Venid, ved un hombre que me ha dicho todo lo que he hecho: ¿si quizá es éste el Cristo?» —dijo a los hombres de la ciudad. Sus palabras conmovieron los corazones. Había en su rostro una nueva expresión, un cambio en todo su aspecto. Se interesaron por ver a Jesús…

Tan pronto como halló al Salvador, la mujer samaritana trajo otros a él. Demostró ser una misionera más eficaz que los propios discípulos. Ellos… tenían sus pensamientos fijos en una gran obra futura, y no vieron que en derredor de sí había una mies que segar. Pero por medio de la mujer a quien ellos despreciaron, toda una ciudad llegó a oír del Salvador…

Esta mujer representa la obra de una fe práctica en Cristo. Cada verdadero discípulo nace en el reino de Dios como misionero. El que bebe del agua viva, llega a ser una fuente de vida. El que recibe llega a ser un dador. — Ibid. 160-162, 166.

 

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Tomado de la: Lectura Devocional Elle G. de White Estate 2026
«CONFLICTO Y VALOR»
Por:  Elena G. De White
Colaboradores: Josué Pacheco y Adriana Jiménez

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