«Que nuestro Señor Jesucristo mismo, y nuestro Dios y Padre, que nos amó y nos dio consuelo etemo y buena esperanza por gracia, les infunda ánimo en el corazón y los confirme en toda buena palabra y obra».
2 Tesalonicenses 2: 16, 17, RVC
El Salvador aprovechaba cada curación que hacía para establecer principios divinos en la mente y en el alma. Ese era el objetivo de su obra. Prodigaba bendiciones terrenales para inclinar el corazón de la gente a recibir el evangelio de su gracia.— El ministerio de curación, cap. 1, p. ll.
Durante tres años, los discípulos tuvieron delante de sí el admirable ejemplo de Jesús. Día tras día anduvieron y conversaron con él, oyendo sus palabras que alentaban a los cansados y cargados, y viendo las manifestaciones de su poder en los enfermos y afligidos. Cuando llegó el momento en que iba a dejarlos, les dio gracia y poder para llevar adelante su obra en su nombre. Tenían que esparcir la luz de su evangelio de amor y de curación.
La obra que hicieron los discípulos, hemos de hacerla nosotros también. Todo cristiano debe ser un misionero. Con solidaridad y compasión tenemos que desempeñar nuestro ministerio en bien de los que necesitan ayuda, y procurar con todo desprendimiento aliviar las miserias de la humanidad doliente. El Salvador se identifica con cada hijo de la humanidad. Los que siguen a Cristo no deben sentirse separados del mundo que perece en derredor suyo. Forman parte de la gran familia humana, y el cielo los considera tan herrnanos de los pecadores como de los santos. Todo lo que nos ha dado ventaja sobre los demás, ya sea educación y refinamiento, nobleza de carácter, educación cristiana o capacidad intelectual, todo esto nos hace deudores para con los menos favorecidos; y en cuanto esté de nosotros, hemos de sewirles. Si somos fuertes, hemos de sostener a los débiles.
El que se convierte en hijo de Dios ha de considerarse como eslabón de la cadena tendida para salvar al mundo. Debe considerarse uno con Cristo en su plan de misericordia, y salir con él a buscar y salvar a los perdidos.— Ibíd., cap. 6, pp. 59, 60.
El mundo necesita ver una demostración práctica de lo que la gracia de Dios puede hacer para devolver a los seres hurnanos la dignidad y el dominio propio que han perdido; No hay nada que el mundo necesite tanto como el econocimiento del poder salvador del evangelio revelado en vidas cristianas.— Ibid., cap. 8, p. 78.
SOLO POR GRACIA
Tomado de: Lecturas Devocional Vespertino 2025
«La Maravillosa Gracia De Dios»
Por: Elena G. White
Colaboradores: José Sánchez y Silvia García
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