«Y esta es mi oración: que su amor abunde aun más y más en conocimiento y en todo discernimiento para que sean llenos del fruto de justicia, fruto que viene por medio de Jesucristo, para gloria y alabanza de Dios».
Filipenses 1: 9-11, RVA15
Donde hay vida, habrá crecimiento y fructificación; pero a menos que crezcamos en la gracia, nuestra espiritualidad se empequeñecerá, será enfermiza, estéril. Únicamente mediante el crecimiento y la fructificación podemos cumplir el propósito de Dios para nosotros. Cristo dijo: «En esto es glorificado mi Padre: en que lleven mucho fruto» (Juan 15: 8, RVC). Para llevar mucho fruto, debemos aprovechar al máximo nuestros privilegios. Debemos usar cada oportunidad que se nos concede para fortalecernos.
A cada ser humano le ha sido preparado un carácter puro y noble con todas sus tremendas posibilidades. Pero hay muchos que no tienen un anhelo ferviente de tal carácter. No están dispuestos a apartarse del mal para poder tener el bien. Descuidan el aferrarse de las bendiciones que los pondrían en armonía con Dios. No pueden crecer.
La dadivosidad es uno de los planes divinos para el crecimiento. El cristiano ha de ganar fortaleza fortaleciendo a otros. «El generoso prosperará, y el que reanima a otros será reanimado» (Prov. 11: 25, NTV). Esta no es una simple promesa. Es una ley divina, una ley por la cual Dios establece que los arroyos de benevolencia fluyan continuamente de vuelta hacia su fuente, así como las aguas de lo profundo se mantienen en constante circulación.— Afin de conocerle, 7 de junio, p. 166.
En el cumplimiento de esta ley encontramos el secreto del crecimiento espiritual. Si acudimos a Dios con fe, nos recibirá y nos dará fortaleza para ascender hasta la perfección. Si vigilamos cada palabra y acto, para no hacer nada que deshonre a Aquel que ha confiado en nosotros, si mejoramos cada oportunidad que se nos concede, creceremos hasta llegar a la plena estatura de hombres y mujeres en Cristo.
Cristianos, ¿se revela Cristo en nosotros? ¿Hacemos todo lo que está en nuestras manos para conseguir un cuerpo que no se debilite fácilmente, una mente que mire más allá de sí misma para ver la causa y el efecto de cada movimiento, que pueda luchar con problemas difíciles y vencerlos, una voluntad que sea firme para resistir el mal y defender lo correcto? ¿Estamos crucificando el yo? ¿Estamos creciendo para llegar a la plena estatura de hombres y mujeres en Cristo, preparándonos para soportar incomodidades como buenos soldados de la cruz?— The Signs of the Times, 12 de junio de 1901.
CRECIENDO EN LA GRACIA
Tomado de: Lecturas Devocional Vespertino 2025
«La Maravillosa Gracia De Dios»
Por: Elena G. White
Colaboradores: José Sánchez y Silvia García
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