«Miren que no menosprecien a uno de estos pequeños.
Porque les digo que en el cielo los ángeles de ellos contemplan siempre el rostro de mi Padre celestial».
Mateo 18: 10, NVI
Sólo cuando se vean a la luz de la eternidad las providencias de Dios, comprenderemos lo que debemos al cuidado y la intercesión de sus ángeles. Los seres celestiales han desempeñado una parte activa en los asuntos humanos. Han aparecido con ropajes tan brillantes como el relámpago; se han presentado como seres humanos, bajo la apariencia de viajeros. Han aceptado la hospitalidad ofrecida por hogares terrenales; han actuado como guías de viajeros extraviados.
Aunque los gobernantes de este mundo lo ignoren, a menudo los ángeles han hablado en sus asambleas; los han contemplado los ojos humanos; los oídos humanos han escuchado sus indicaciones; en tribunales y cortes de justicia, los mensajeros celestiales han defendido la causa de los perseguidos y oprimidos; han desbaratado propósitos y detenido males que hubieran causado oprobio y sufrimiento a los hijos de Dios. Todo esto se revelará a los alumnos de la escuela del más allá.
Los redimidos comprenderán lo realizado por los ángeles en favor de ellos. ¡Qué gratificante será poder conversar con el ángel que nos cuidó desde el primer día de nuestra vida, que nos guio y que nos protegió en medio del peligro; ese ángel que cruzó a nuestro lado el «valle de sombra de muerte» (Sal. 23: 4), que indicó cuál sería nuestra tumba, ese que fue el primero en saludarnos en la mañana de la resurrección! ¡Cuán grato será conocer de sus propios labios la manera en la que Dios intervino en nuestra vida personal y cómo el cielo cooperó en todo lo que era de beneficio para los seres humanos!— La educación, cap. 35, pp. 274, 275.
Con la Palabra de Dios en la mano, todo ser humano puede gozar de su compañía. Puede vivir en esta tierra en la atmósfera del cielo acercándose cada vez más al umbral del mundo eterno, hasta que los portales se abran y pueda entrar. Entonces no se sentirá allí como un extraño. Lo saludarán las voces de los santos que, invisibles, eran sus compañeros en la tierra, voces que él aprendió a distinguir y amar aquí. El que por medio de la Palabra de Dios ha vivido en compañerismo con el cielo, se sentirá como en el ambiente celestial.— Ibid., cap. 13, p. 114.
EL REINO DE GLORIA
Tomado de: Lecturas Devocional Vespertino 2025
«La Maravillosa Gracia De Dios»
Por: Elena G. White
Colaboradores: José Sánchez y Silvia García
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