«Salió Jesús y vio una gran multitud, y tuvo compasión de ellos, porque eran como ovejas que no tenían pastor; y comenzó a enseñarles muchas cosas». Marcos 6: 34
CUANDO LA GENTE SUPO HACIA DONDE SE DIRIGÍA JESÚS, corrió por la orilla del mar. Los niños iban delante de los padres; los cojos, los ciegos y los demás enfermos eran llevados por sus familiares, algunos en camellos, otros en camillas o cargados en las espaldas. Aquellas personas se trasladaron tan rápido, que llegaron antes que Jesús. Cuando el Señor llegó al lugar, subió a una colina y se sentó con sus discípulos.
De pronto, la multitud se amontonó a su alrededor y Jesús tuvo compasión de ellos. Entonces, empezó a enseñarles y a sanar a los enfermos.
Cuando estaba anocheciendo, los discípulos notaron que había un problema: «»Este es un lugar apartado y ya es muy tarde. Despide a la gente, para que vayan a los campos y pueblos cercanos y se compren algo de comer». «Denles ustedes mismos de comer» — contestó Jesús—. «iEso costaría casi un año de trabajo! —objetaron—. ¿Quieres que vayamos y gastemos todo ese dinero en pan para darles de comer?»» (Marcos 6: 35-37, NVI).
Felipe buscó una solución humana al problema de la alimentación, aunque tenía frente a él al Dador de la vida. Olvidó que la presencia de Jesús satisface cualquier necesidad y pensó en cómo resolver el problema que se les había presentado sin contar con la ayuda del Maestro. Su pensamiento lo llevó a buscar soluciones humanas en lugar de recurrir al poder del cielo. Pensó en el dinero y no en el poder de Dios.
Al ver la compasión que tuvo Jesús por los necesitados y afligidos, y su deseo de satisfacer las necesidades humanas, nos damos cuenta de que esa compasión salía de lo profundo del corazón. Cuando era movido por la compasión, la ilimitada ternura de Dios se revelaba. Él no podía ver, ni puede ver a nadie padecer sin desear librarlo de su padecimiento. Jesús se compadece de los que sufren pérdidas humanas. Le embarga un deseo irreprimible de enjugar las lágrimas de todos los ojos sufrientes.
Seamos compasivos con los que sufren. Siguiendo el ejemplo de Jesús, expresemos compasión de corazón.
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Tomado de: Lecturas Devocionales para Adultos 2018
“Fuentes De Vida¨
Por: David Javier Pérez

