LOS REQUISITOS DE DIOS
«Os he dicho estas cosas estando con vosotros. Pero el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas y os recordará todo lo que yo os he dicho. La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón ni tenga miedo. Habéis oído que yo os he dicho: «Voy, y vuelvo a vosotros». […] Y ahora os lo he dicho antes que suceda, para que, cuando suceda, creáis». Juan 14: 25-29

CUANDO RECIBIMOS a Cristo como huésped permanente de nuestra vida, «la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento» (Fil. 4: 7, NVI), guardará nuestro espíritu y nuestro corazón por medio de Cristo Jesús. La vida terrenal del Salvador, aunque transcurrió en medio de conflictos, fue sosegada y pacífica. […] Ninguna tempestad de la ira humana o satánica podía perturbar la calma de su perfecta comunión con Dios; y él nos dice: «La paz les dejo; mi paz les doy» (Juan 14: 27, NVI). […]
La felicidad originada en fuentes terrenales es tan mudable como la pueden hacer lo variable de las circunstancias; pero la paz de Cristo es constante, permanente. No depende de las circunstancias, ni de la cantidad de bienes materiales, ni del número de amigos que se tenga en este mundo. Cristo es la fuente de agua viva, y la felicidad que proviene de él no puede agotarse jamás.
La mansedumbre de Cristo manifestada en el hogar hará felices a los miembros de la familia; no incita a los altercados, no responde con ira, sino que calma el mal humor y difunde una amabilidad que sienten todos los que están dentro de su benéfico círculo. Allí donde se practica esa mansedumbre, hace de las familias de la tierra una parte de la gran familia celestial.— El discurso maestro de Jesucristo, cap. 2, pp. 33-35.
Cristo es el «Príncipe de paz» (Isa. 9: 6), y su misión es devolver al cielo y a la tierra la concordia que el pecado destruyó. […] Los que consientan en renunciar al pecado y abran su corazón al amor de Cristo, participarán de la paz celestial.
No hay otro fundamento para la paz. La gracia de Cristo, aceptada en el corazón, supera las enemistades, apacigua los enfrentamientos y colma de amor. Todo el que esté en armonía con Dios y con su prójimo no sabrá lo que es la desdicha.— Ibíd. , p. 50.
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Devocional Vespertino Para 2020.
«Conocer al Dios Verdadero»
«PARA FAMILIARIZARNOS CON LO QUE DIOS ESPERA DE NOSOTROS»
Por: Elena G. de White
Colaboradores: Pilita Mariscal & Martha Gonzalez
