“ Los hijos de Sion, preciados y estimados más que el oro puro, ¡Cómo son tenidos por vasijas de barro, obra de manos de alfarero! “ Lamentaciones 4:2

La comparación con una máquina es atractiva, pero me gusta más ser comparada con una obra de arte: “Entonces Jehová Dios formó al hombre del polvo de la tierra, y sopló en su nariz aliento de vida, y fue el hombre un ser viviente” (Gén. 2:7). Nuestro Dios tomó “tierra virgen” pura, sin contaminación e hizo esa maravillosa vasija viviente.
Lamentablemente, la raza humana desobedeció las leyes divinas y hoy vemos los resultados. “Y descendí a casa del alfarero, y he aquí que él trabajaba sobre la rueda. Y la vasija de barro que él hacía se echó a perder en su mano; y volvió y la hizo otra vasija, según le pareció mejor hacerla. […] ¿No podré yo hacer de vosotros como este alfarero […]? dice Jehová. He aquí que como el barro en la mano del alfarero, así sois vosotros en mi mano” (Jer. 18:3, 4, 6).
El divino Alfarero ama su obra más que al oro puro (Lam. 4:2). Desea que sus criaturas seamos dóciles, que le dejemos seguir trabajando y perfeccionando su obra de arte.
Permitámosle que nos siga puliendo en el torno divino y nos transforme con abundante agua del Espíritu (Juan 4:14) en una hermosa porcelana, transparente, sonora y atractiva. Solo así se podrá ver en nosotras la pureza, la alegría y la luminosidad que otorga el amor de Jesús.
Eugenia Schiavo de De Sousa Matías, Argentina
Tomado de:
Lecturas devocionales para Damas 2014
“De mujer a mujer”
Por: Pilar Calle de Hengen