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Notas de Ellen G. White 2023

CÓMO PRESENTAR A UN NUEVO DIOS

En palabras de incomparable belleza y ternura, el apóstol Pablo presentó  a los sabios de Atenas el propósito que Dios había tenido en la creación y distribución de  las razas y naciones.  Declaró el apóstol: «El Dios que hizo el mundo y todas las cosas que en él hay… de una sangre ha hecho todo el  linaje de los  hombres, para que habitasen  sobre toda la faz de la tierra; y les ha prefijado el  orden de los  tiempos, y los términos de la habitación de ellos; para que buscasen a Dios, si en alguna manera, palpando,  le  hallen».  Hechos 17:24-27.

Dios  indicó  claramente   que  todo  aquel  que  quiere,  puede  entrar «en vínculo  de concierto». Ezequiel 20:37. Al crear  la tierra, quería que fuese  habitada  por seres  cuya  existencia  resultara  de  beneficio  propio y  mutuo,  al  mismo  tiempo  que  honrara  a su  Creador.  Todos  los  que quieran   pueden   identificarse  con  este  propósito.  Acerca  de  ellos  se dice: «Este  pueblo crie para  mí; mis alabanzas  publicará». Isaías 43:21 (Profetas y reyes, p.  366).

La verdadera  reverencia  hacia Dios  nos es inspirada  por un sentido de su infinita grandeza y un reconocimiento de su presencia.  Este sentido del invisible  debe impresionar profundamente todo corazón. La presencia  de Dios hace que tanto el lugar como  la hora de la oración  sean sagrados.  Y al  manifestar  reverencia  por nuestra  actitud  y conducta,  se profundiza en nosotros  el  sentimiento  que  la  inspira.  «Santo  y temible es su nombre» (Salmo  111:9, VM), declara el salmista.  Los ángeles se velan el  rostro cuando  pronuncian  ese  nombre.  ¡Con qué  reverencia debieran pronunciarlo nuestros labios, puesto que somos seres caídos y pecaminosos!  (Profetas y reyes, p. 34).

Pablo tenía vivísimos  deseos de que  se viese y comprendiese la humillación de Cristo. Estaba convencido de que, con tal que se lograse que los hombres considerasen el asombroso  sacrificio realizado por la Majestad del cielo, el  egoísmo sería desterrado  de sus corazones.  El apóstol se detiene en un detalle tras otro para que de algún modo alcancemos a damos cuenta  de la admirable condescendencia del Salvador para con los pecadores. Dirige primero el pensamiento a la contemplación del puesto que Cristo ocupaba en el cielo, en el seno de su Padre. Después  lo presenta  abdicando de su gloria, sometiéndose  voluntariamente a las humillantes condiciones de la vida humana, asumiendo  las responsabilidades  de un siervo, y haciéndose  obediente basta la muerte más ignominiosa, repulsiva y dolorosa:  la muerte en la cruz.  ¿Podemos contemplar  tan admirable manifestación  del amor de Dios sin agradecimiento ni amor, y sin un sentimiento profundo  de que ya no somos nuestros? A un Maestro como Cristo no debe servírsele impulsado por móviles forzados y egoístas (El ministerio de curación, p. 401).

El amor de Cristo es una cadena áurea que une con el Dios infinito a los  seres humanos  limitados  que creen  en Jesucristo.  El  amor  que el Señor tiene por sus hijos supera al entendimiento. Ninguna  ciencia puede definirlo o explicarlo. Ninguna sabiduría humana puede sondearlo.  Mientras más sintamos  la influencia de este amor, más mansos  y humildes seremos (Mente,  carácter y personalidad, t. 2, p. 833).

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Notas de Elena G. White para la Escuela Sabática 2023.
4º. Trimestre 2023 «LA MISIÓN DE DIOS: MI MISIÓN»
Lección 10: «MISIÓN EN FAVOR DE LOS NO ALCANZADOS: Primera parte»
Colaboradores: Ana Hironymus & Esther Jiménez

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