
Vi que no deberíamos pasar los días feriados imitando al mundo, pero que no se los debería dejar, sin embargo, transcurrir inadvertidos, pues esto causará descontento a nuestros hijos. En estos días en que hay peligro de que nuestro hijos estén expuestos a malas influencias y sean corrompidos por los placeres y la excitación del mundo, los padres deberían ocuparse en idear algo que reemplace las diversiones más peligrosas. Dad a entender a vuestros hijos que tenéis en vista su bien y felicidad.
Reúnanse varias familias que viven en una ciudad o pueblo y dejen las ocupaciones que las han estado abrumando física y mentalmente y hagan una excursión al campo, a orillas de algún hermoso lago o un lindo bosque que sea un bello escenario de la naturaleza. Deberían proveerse de alimento sencillo e higiénico, de las mejores frutas y cereales, y tender su mesa bajo la sombra de algún árbol o el pabellón del cielo. El viaje, el ejercicio y el paisaje estimularán el apetito, y gozarán de una comida que los reyes envidiarían.
En tales ocasiones los padres y los niños deberían sentirse libres de cuidados, de trabajos y de perplejidades. Los padres deberían hacerse niños a la par de sus hijos, tratando de que todo sea para ellos tan agradable como sea posible. El día entero debería ser dedicado a la recreación.
El ejercicio al aire libre será benéfico para la salud de aquellos que trabajan en locales cerrados y cuya ocupación es sedentaria. Todos los que pueden, deberían considerar un deber hacer esto. Nada se perderá, pero en cambio se ganará mucho. Regresarán a sus ocupaciones con nueva vida y nuevo valor para emprender sus labores con celo, y estarán mejor preparados para resistir la enfermedad.—Testimonios para la Iglesia 1:514, 515
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Sección 13—RECREACIÓN Y DIVERSIÓN—Capítulo 133—
Por: Elena G De White
Colaboradores: Liseth Orduz & América Lara