<<Jesús le contestó: »Te aseguro que el que no nace
de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios»>>.
Juan 3: 5, DHH
Nicodemo estaba tanto asombrado como indignado ante estas palabras. Se consideraba no solo intelectual, sino un hombre pío y religioso. […] No podía armonizar esta doctrina de la conversión con su concepto de lo que constituía la religión. No podía encontrar una explicación satisfactoria de la ciencia de la conversión; pero, mediante un ejemplo, Jesus le mostro que esta no podía explicarse por ninguno de sus métodos precisos. Jesús le señaló el hecho de que no podía ver el viento y, sin embargo, podía discernir su acción. Quizá nunca podría explicar el proceso de la conversión, pero podía discernir su efecto. El oía el sonido del viento, que sopla de donde quiere, y podía ver el resultado de su acción. No estaba a la vista el agente operador. […] Ningún razonamiento del ser humano mas docto puede definir las operaciones del Espíritu Santo sobre la mente y el carácter de las personas. Sin embargo, pueden verse los efectos en la vida y en las acciones. […]
[Nicodemo] no anhelaba recibir la verdad, porque no podía comprender todo lo relacionado con la operación del poder de Dios. Sin embargo, aceptaba los hechos de la naturaleza, aunque no podía explicarlos o siquiera comprenderlos.Como muchos otros de todas las épocas, consideraba que las formas y ceremonias precisas eran mas esenciales para la religión que la obra interior del Espíritu de Dios.- The Review and Herald, 5 de mayo de 1896.
Podemos lisonjearnos, como Nicodemo, de que nuestra vida ha sido íntegra, de que nuestro carácter moral es correcto, y pensar que no necesitamos humillar nuestro corazón delante de Dios como el pecador común; pero cuando la luz de Cristo resplandezca en nuestra alma, veremos cuan impuros somos: discerniremos el egoísmo de nuestros motivos y la enemistad contra Dios, que han manchado todos los actos de nuestra vida. Entonces conoceremos que nuestra propia justicia es, en verdad, como trapos de inmundicia y que solamente la sangre de Cristo puede limpiarnos de la contaminación del pecado y renovar nuestro corazón a la semejanza del Señor.- El camino a Cristo, cap. 3, p. 43.
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Devocional Vespertino para 2024.
«Conflicto y Valor»
Por: Elena G de White
Colaboradores: José Sánchez y Silvia García
