«El Señor, que me ha librado de las garras del león y del oso, también me librará de las manos de este filisteo. Entonces Saúl le dijo: «Anda, pues, y que el Señor te acompañe»».
1 Samuel 17: 37, DHH
Cuando David vio que todo Israel estaba amedrentado, y supo que el filisteo lanzaba su desafío día tras día, sin que se levantara un campeón que acallara al jactancioso, su espíritu se conmovió dentro de él. Se encendió su celo para salvar el honor del Dios viviente y el crédito de su pueblo.— Patriarcas y profetas, cap. 61, p. 633.
David, en su humildad y celo por Dios y su pueblo, propuso enfrentar a esta persona jactanciosa. Saúl accedió e hizo que se le colocara a David su propia armadura real. Pero él no consintió en usarla. Dejó a un lado la armadura del rey porque no la había probado. Había probado a Dios y, confiando en él, había ganado victorias especiales. Colocarse la armadura de Saúl daría la impresión de que él era un guerrero, cuando era solo el pequeño David que cuidaba las ovejas. El no quería que se le diera crédito a la armadura de Saúl, porque su confianza estaba en el Señor Dios de Israel.— Testimonios para la iglesia, t. 3, p. 243.
Escogiendo cinco piedras lisas en el arroyo, las puso en su talega, y con su honda en la mano se aproximó al filisteo. El gigante avanzó audazmente, esperando encontrarse con el más poderoso de los guerreros de Israel. Su escudero iba delante de él, y parecía que nada podía resistirle. Cuando se acercó a David, no vio sino a un pastorcillo, llamado mancebo a causa de su juventud. El semblante de David era rosado de salud; y su cuerpo bien proporcionado, sin protección de armadura, se destacaba ventajosamente; no obstante, entre su figura juvenil y las macizas proporciones del filisteo, había un marcado contraste.
Goliat se llenó de asombro y de ira. «¿Soy yo un perro ¡exclamó! para que vengas contra mí con palos?». Y entonces soltó contra David las maldiciones y los insultos más terribles, en nombre de todos los dioses que conocía. Gritó mofándose: «Ven hacia mí, y daré tu carne a las aves del cielo y a las bestias del campo».
— Patriarcas y profetas, cap. 61, p. 635.
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Devocional Vespertino para 2024.
«Conflicto y Valor»
Por: Elena G de White
Colaboradores: José Sánchez y Silvia García
