CIELO NUEVO Y TIERRA NUEVA

 

 

ESPERANZA – PROYECCIÓN

«Y oí una gran voz del cielo, que decía: El tabernáculo de Dios está ahora con los hombres. Él morará con ellos, ellos serán su pueblo y Dios mismo estará con ellos como su Dios. Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá más muerte,  ni habrá más llanto ni clamor ni dolor, porque las primeras cosas ya pasaron.» Apoc. 21:3-4

Me lo pido. No sé quién lo hará pero, por si hay una vacante, me lo pido. Sé que es mi hombre viejo el que habla pero me fascinaría ser el heraldo  que anunciase  que el Templo de Dios está entre los hombres, que el mismo  Dios vivirá con nosotros  y que no volverá a haber ni una lágrima de tristeza, ninguna muerte  más, ningún  lamento, ni clamor, ni dolor alguno. Porque, ¿qué más se podría pedir? Nada.

Intento mirar con los ojos de la fe. Las colinas se cubren de verde y lavanda. Los árboles, regios y frondosos, se extienden al espacio ramificando su majestad. El cielo, de un azul intenso y brillante, me recuerda  que la presencia de Dios reside junto a la nuestra. Las aves realizan una danza armoniosa allá arriba mientras que un cordero se apoya en un lobo y un niño juguetea con la melena  de un león. Y me encontraré con mi esposa, y nos fundiremos en un abrazo sin fin. Y veré a mi familia y nos achucharemos de cariño. Y a mi abuela. ¡Vaya! ¡Qué bella! Bueno, siempre  fue muy coqueta y parece que eso no se va con la transfiguración. Y, curiosamente, con aquel con el que no era tan afín. A lo mejor nos distanciaban cosas insignificantes. Y me alegro de que la bondad  de Dios nos haga de nuevo amigos. También me encuentro con aquella  persona a quien acompañé en el hospital, aquejada  de cáncer. Está tan sana. Y aquel de quien prediqué en su entierro. Está tan vivo, tan feliz. Al fondo, entre una multitud se encuentra el responsable de tanto gozo. No puedo evitarlo, me tengo que aproximar  cuando  está cerca. Es el cielo en el cielo. Llego a su lado y me sonríe. Siempre me sonríe. Y, una vez más, le vuelvo a preguntar: «¿Por qué lo hiciste?» Y Jesús, acariciando mi cara con sus manos marcadas por cicatrices eternas, me contesta: «Por ti.» Un escalofrío recorre mi cuerpo y le abrazo.

Y lo mejor del asunto es que nada  de lo que pueda  imaginar  se acercará lo más mínimo a aquello. La realidad superará cualquiera de mis pensamientos. Por eso, me lo pido. ¿Te lo pides conmigo?

www.meditacionesdiarias.com
www.faceboock.com/meditacionesdiariass
https://play.gogle.com/store/apps/details…

Tomado de: Lecturas Devocionales para Jóvenes 2023
«CARÁCTER» SER COMO JESÚS Y DISFRUTAR DE LA ETERNIDAD
Por: «Víctor Manuel Armenteros Cruz»
Colaboradores: Isaí Cedano & Esther Jiménez A

Salir de la versión móvil