lunes , 21 septiembre 2026
Matinal Para Adultos 2020

 CICATRICES 

«El sana a los quebrantados de corazón y venda sus heridas» (Salmo 1 47: 3). 

PERDÓN 

La familia Sonnenberg había salido de vacaciones rumbo a Maine (EE. UU.) el 15 de septiembre de 1979. Estaban detenidos en una estación de peaje cuando un camión de casi 40 toneladas impactó el vehículo en el que viajaban. En segundos el automóvil fue envuelto en llamas y cada uno de los integrantes sufrió numerosas heridas. Entre ellos, el más delicado fue el pequeño Joel, de veintidós meses de edad, que quedó con un 88% de su cuerpo quemado. A pesar de la gravedad del daño, logró sobrevivir, debiendo ser sometido a más de cuarenta cirugías. Por su parte, el conductor del camión se dio a la fuga sin importarle lo ocurrido. No obstante, diecinueve años más tarde, logró ser arrestado y llevado a la corte, donde escuchó el testimonio de cada uno de los afectados.

—Todos tenemos cicatrices —señaló la madre.

—He venido para escuchar decir «lo siento» —todavía dolorido, manifestó el padre.

—¿Dónde está la justicia? —preguntó Joel, dejando entrever amor y misericordia a través de su rostro desfigurado.

Pero ninguno de ellos quedó allí. Luego de expresar su dolor, uno a uno, concluyó diciendo: «Te perdono».

Habían perdonado al hombre que, por descuido, les había causado tanto sufrimiento y había robado la infancia a un niño inocente y tierno. Aun así, las cicatrices permanecerían. Quedarían como un testimonio silencioso de la irresponsabilidad y la negligencia de un conductor. El descuido también puede dañar a las personas y, aunque sea involuntario, no por eso dejará consecuencias menos graves.

No obstante, Joel Sonnenberg encontró un bálsamo para sus heridas. Por eso declaró: «La gracia de Dios, que no tiene límites». El amor incondicional de la gracia de Dios no solo sanó sus heridas, sino que lo llevó a perdonar y le dio un sentido a su existencia. Lejos de avergonzarse de sus cicatrices, por la gracia de Dios, estas se convirtieron en instrumentos para llevar esperanza a personas con similares limitaciones; y, a través de los años, desarrolló un ministerio entre las personas con discapacidad.

Del mismo modo, Dios puede sanar tus heridas. No importa si quedan las cicatrices, porque Dios puede transformarlas en instrumentos de bendición para llevar esperanza a otros que han pasado por similares circunstancias.

Pronto viene el día en que Dios borrará todas las cicatrices. ¿Sabes? Borrará todas, menos las suyas. Menos aquellas que le ocasionaron los clavos las espinas. Lejos de avergonzarse de ellas, serán el testimonio eterno de su amor inmensurable. Un amor que jamás alcanzaremos a comprender en plenitud. Sublime gracia de Dios.

#MatinalDeAdultos
#RadioJovenAdventista
#MeditacionesDiarias

Tomado de: Lecturas Devocionales para Adultos 2020
«Buena Medicina es el Corazón Alegre»
Por: Julián Melgosa – Laura Fidanza.
Colaboradores:
Ricardo Vela & Paty Solares

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