No consideremos demasiado nuestras emociones
No es prudente que nos miremos a nosotros mismos y estudiemos nuestras emociones. Si lo hacemos, el enemigo nos presentará dificultades y tentaciones que debiliten la fe y aniquilen el valor. El fijarnos por demás en nuestras emociones y ceder a nuestros sentimientos es exponernos a la duda y enredarnos en perplejidades. En vez de mirarnos a nosotros mismos, miremos a Jesús. —El Ministerio de Curación, 193 (1905).
El espíritu de Dios transforma las emociones negativas
Cuando el Espíritu de Dios se posesiona del corazón, transforma la vida. Se desechan los pensamientos pecaminosos, se renuncia a las malas acciones. El amor, la humildad y la paz ocupan el lugar de la ira, la envidia y las rencillas. La tristeza es desplazada por la alegría y el semblante refleja el gozo del cielo. Nadie ve la mano que levanta la carga ni cómo desciende la luz de los atrios celestiales. La bendición llega cuando el alma se entrega a Dios por fe. Entonces ese poder, que ningún ojo humano puede ver, crea un nuevo ser a la imagen de Dios. —MeM 47 (1908).
Se necesita mucha sabiduría
Se necesita mucha sabiduría para tratar las enfermedades causadas por la mente. Un corazón dolorido y enfermo, un espíritu desalentado, necesitan un tratamiento benigno. A veces una profunda tristeza roe, como un cáncer, hasta el alma y debilita la fuerza vital. En otros casos el remordimiento por el pecado mina la constitución y desequilibra la mente.
La amabilidad puede aliviar a esta clase de enfermos. El médico debe ganarse primero su confianza, y después guiarlos a mirar hacia el gran Médico. Si se puede encauzar la fe de estos enfermos hacia el verdadero Médico, y ellos pueden confiar en que él se encargó de su caso, esto les aliviará la mente, y muchas veces dará salud al cuerpo. —El Ministerio de Curación, 187, 188 (1905).
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MENTE CARÁCTER Y PERSONALIDAD TOMO #2
SECCIÓN #17: PSICOLOGÍA PRÁCTICA
Capítulo 84: CÓMO TRATAR CON LAS EMOCIONES
Por: Elena G De White
Colaboradores: Liseth Orduz & América Lara
