El mayor pecador necesita al mayor salvador
Si usted cree que es el mayor de los pecadores, lo que necesita es a Cristo, el mayor de los salvadores. Levante la cabeza y contemple fuera de sí mismo, más allá de su pecado, al Salvador levantado; más allá de la venenosa mordedura de la serpiente, al Cordero de Dios que quita el pecado del mundo.—Carta 98, 1893.
Él dará descanso
Él llevó el peso de nuestra culpa. También quitará la carga de nuestros hombros cansados. Nos dará descanso. Llevará por nosotros la carga de nuestros miedos y penas. Nos invita a echar sobre él todos nuestros afanes; pues nos lleva en su corazón.—El Ministerio de Curación, 47 (1905).
No todos los pecados son de la misma magnitud
No todos los pecados son de igual magnitud delante de Dios; hay diferencia de pecados a su juicio, como la hay a juicio de los hombres; sin embargo, aunque este o aquel acto malo puedan parecer frívolos a los ojos de los hombres, ningún pecado es pequeño a la vista de Dios. El juicio de los hombres es parcial e imperfecto; pero Dios ve todas las cosas como realmente son. El borracho es detestado y se le dice que su pecado lo excluirá del cielo, mientras que el orgullo, el egoísmo y la codicia pasan muchísimas veces sin condenarse. Sin embargo, estos son pecados que ofenden especialmente a Dios; porque son contrarios a la benevolencia de su carácter, a ese amor desinteresado que es la atmósfera misma del universo que no ha caído. El que cae en alguno de los pecados más groseros puede avergonzarse y sentir su pobreza y necesidad de la gracia de Cristo; pero el orgullo no siente ninguna necesidad y así cierra el corazón a Cristo y a las infinitas bendiciones que él vino a derramar.—El Camino a Cristo, 28, 29 (1892).
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MENTE CARÁCTER Y PERSONALIDAD TOMO #2
SECCIÓN #11: LOS PROBLEMAS EMOCIONALES
Capítulo 48: LA CULPA
Por: Elena G De White
Colaboradores: Liseth Orduz & América Lara
