A veces la persuasión es mejor que el castigo—He sentido un interés tan profundo en esta clase de obra, que he adoptado algunos niños a fin de que pudieran ser educados correctamente. En vez de castigarlos cuando cometían faltas, los persuadía a hacer lo correcto. Una niñita había tomado el hábito de arrojarse al piso si no se le permitía hacer lo que quería. Le dije: “Si no te enojas una vez hoy, tu tío White y yo te llevaremos en el vehículo, y pasaremos un día feliz en el campo. Pero si te tiras al piso una sola vez perderás tu derecho a esa diversión”. En esa forma yo trabajaba para esos niños, y ahora me siento agradecida de haber hecho esa obra.—Manuscrito 95, 1909.
Tratad el mal pronta, sabia y firmemente—
La desobediencia debe ser castigada. Los males deben ser corregidos. La iniquidad que está ligada en el corazón del muchacho, debe ser afrontada y vencida por padres y maestros. Debe tratarse el mal pronta y sabiamente, con firmeza y decisión. El odio a las restricciones, el amor a la complacencia propia, la indiferencia a las cosas eternas deben tratarse con cuidado. A menos que se desarraigue el mal, el alma se perderá. Y más que eso: el que se entrega para seguir la senda de Satanás procura constantemente seducir a otros. Desde su más temprana edad, deberemos tratar de vencer en nuestros hijos el espíritu del mundo.—Carta 166, 1901.
A veces es necesaria la vara—
La madre puede preguntarse:
“¿No habré de castigar nunca a mi hijo?” Puede ser que los azotes sean necesarios cuando los demás recursos fracasen; sin embargo ella no debe usar la vara si es posible evitarlo. Pero si las correcciones más benignas resultan insuficientes, el castigo para hacer volver al niño en sí debe ser administrado con amor. Frecuentemente una sola corrección de esta naturaleza bastará para toda la vida, pues demostrará al niño que él no tiene en sus manos las riendas del dominio.
Y cuando este paso llega a ser necesario, se le debe inculcar seriamente al niño el pensamiento de que se le administra el castigo no para la satisfacción de los padres ni como acto de arbitraria autoridad, sino para su propio beneficio. Debe enseñársele que todo defecto no corregido le ocasionará desgracia, y desagradará a Dios. Bajo esa disciplina, los niños hallarán su mayor felicidad en someter su voluntad a la voluntad de su Padre celestial.—Consejos para los Maestros Padres y Alumnos, 90.
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CONDUCCIÓN DEL NIÑO
SECCIÓN #10 * La Disciplina Y Su Amonestación *
Capítulo 44: “ LA ADMINISTRACIÓN DE LA DISCIPLINA CORRECTIVA ”
Por: Elena G De White
Colaboradores: América Lara & Adriana Jiménez
