La dispepsia influye para que nuestra espiritualidad vacile
Los principios de la reforma pro salud deben incorporarse a la vida de cada cristiano. Los hombres y las mujeres que pasan por alto estos principios no pueden ofrecerle a Dios una devoción pura y vigorosa; porque el estómago dispéptico o el hígado perezoso influyen para que la vida religiosa sea incierta.
El consumo de carne de animales muertos tiene un efecto perjudicial sobre la espiritualidad. Cuando se hace de la carne el principal producto alimentario, las facultades superiores caen bajo el dominio de las pasiones inferiores. Esto es una ofensa a Dios, y provoca la decadencia de la vida espiritual. —Carta 69, 1896.
Obrar con rectitud es la mejor medicina
La conciencia de que se está obrando con rectitud es la mejor medicina para los cuerpos y las mentes enfermos. La bendición especial de Dios que reposa sobre los que la reciben es salud y fortaleza. La persona cuya mente esté tranquila y satisfecha en Dios, está en la senda de la salud.
Hay quienes no creen que sea un deber religioso disciplinar la mente para que se espacie en temas alegres, de manera que puedan reflejar luz en lugar de tinieblas y lobreguez. Esta clase de mentes preferirán buscar su propio placer: conversaciones frívolas, con risas y bromas, y con la mente continuamente excitada por una ronda de entretenimientos; o estarán deprimidas, con grandes dificultades y conflictos mentales, que ellas creen que pocos han experimentado alguna vez o pueden comprender. Esas personas pueden profesar ser, cristianas, pero solo se engañan a sí mismas. No poseen el cristianismo genuino. —The Health Reformer, marzo de 1872.
Tenemos que preocuparnos tanto del alma como del cuerpo
Nuestros obreros de la rama médica tienen que hacer todo lo que esté en su poder para curar tanto las enfermedades del cuerpo como las de la mente. Tienen que vigilar, orar y trabajar para proporcionarles apoyo espiritual tanto como el físico a aquellos por quienes trabajan. El médico de uno de nuestros sanatorios que sea un verdadero siervo de Dios, tiene una labor sumamente interesante que hacer respecto de cada ser humano que sufre, y con quien se ponga en contacto. No debe perder oportunidad alguna de señalarles a las almas a Cristo, el gran Sanador del cuerpo y la mente. Todo médico debe ser un obrero experto en los métodos de Cristo. No debe haber una disminución del interés en las cosas espirituales, no sea que se desvíe la facultad de fijar la mente en el gran Médico. —Carta 223, 1905.
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MENTE CARÁCTER Y PERSONALIDAD TOMO #2
SECCIÓN #9
Capítulo 43: LA MENTE Y LA SALUD ESPIRITUAL
Por: Elena G De White
Colaboradores: Liseth Orduz & América Lara
