Nunca digáis a un niño: “No puedo tolerarte”—
Nunca digáis a vuestros hijos: “No puedo tolerarte”. Mientras tengamos acceso al trono de Dios, como padres debiéramos avergonzarnos de pronunciar tales palabras. Clamad a Jesús y él os ayudará a conducir a vuestros pequeños a Dios.—The Review and Herald, 16 de julio de 1895.
Debe estudiarse diligentemente el manejo de la familia—
He oído a algunas madres que decían que no tenían la habilidad para dirigir que tienen otras, que es un talento que no poseen. Las que comprenden su deficiencia en esto, debieran estudiar muy diligentemente el tema de la dirección de la familia. Y sin embargo, las más
valiosas sugestiones de otras no debieran ser adoptadas impensadamente y sin discriminación. Quizá no se adapten igualmente a las circunstancias de cada madre, o a la disposición y temperamento peculiares de cada hijo de la familia. Estudie la madre cuidadosamente la experiencia de otras, note la diferencia entre sus métodos y los de ella y pruebe cuidadosamente aquéllos que puedan ser de verdadero valor. Si una clase de disciplina no produce los resultados deseados, inténtese otro plan y obsérvense cuidadosamente los resultados.
Las madres, más que otras personas, debieran acostumbrarse a pensar e investigar. Si perseveran en esto, hallarán que están adquiriendo la facultad que pensaban que no tenían, que están aprendiendo a formar correctamente el carácter de sus hijos. El resultado de la labor y pensamiento dados a esta obra se verá en la obediencia de los hijos, en su sencillez, su modestia y pureza, y esto recompensará ricamente todo esfuerzo hecho.—The Signs of the Times, 11 de marzo de 1886.
Los padres deben unirse en la disciplina—
La madre siempre debiera tener la cooperación del padre en sus esfuerzos para establecer el fundamento de un buen carácter cristiano en sus hijos. Un padre excesivamente cariñoso no debiera cerrar los ojos a las faltas de sus hijos porque le resulte desagradable corregirlos.—Testimonies for the Church 1:546, 547.
Debieran inculcarse en la mente de los niños los principios correctos. Si los padres se unen en esta obra de disciplina, los niños entenderán lo que se requiere de ellos. Pero si el padre, por palabra o apariencia, muestra que no aprueba la disciplina que da la madre, si cree que ella es demasiado estricta y piensa que él debe compensar la rigurosidad con mimos y condescendencias, se arruinarán los hijos. Los padres complacientes recurrirán a engaños, y los hijos pronto sabrán que pueden hacer lo que les plazca. Los padres que cometen este pecado contra sus hijos son responsables por la pérdida de sus almas.—Manuscrito 58, 1899.
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CONDUCCIÓN DEL NIÑO
SECCIÓN #10 * La Disciplina y Su Amonestación *
Capítulo 43: “ LA DISCIPLINA EN EL HOGAR ”
Por: Elena G De White
Colaboradores: América Lara & Adriana Jiménez
