El gusto moral de los que adoran en el santo santuario de Dios debe ser elevado, refinado y santificado. Esto se ha descuidado tristemente. Su importancia se ha pasado por alto y como resultado han prevalecido el desorden y la irreverencia, y Dios ha sido deshonrado. Cuando los dirigentes de la iglesia, ministros y miembros, padres y madres, no tienen opiniones elevadas sobre el asunto, ¿qué se puede esperar de los niños inexpertos?
Con demasiada frecuencia se los encuentra en grupos, separados de los padres que debieran encargarse de ellos. No obstante estar en la presencia de Dios y bajo su mirada, son livianos y triviales, cuchichean y ríen, son descuidados, irreverentes y desatentos.—Joyas de los Testimonios 2:199.
SED TRANQUILOS Y SOSEGADOS —
No tengáis tan poca reverencia hacia la casa y el culto de Dios que converséis con otros durante el sermón. Si los que cometen esta falta pudiesen ver a los ángeles de Dios que los miran y toman en cuenta su acción se llenarían de vergüenza y de aborrecimiento propio. Dios quiere oidores atentos. El enemigo sembró la cizaña mientras el hombre dormía.—Mensajes para los Jóvenes, 264.
NO HEMOS DE PROCEDER COMO EN UN LUGAR COMÚN —
Debiera haber un lugar sagrado, como el santuario de la antigüedad, donde Dios se encuentre con su pueblo. Ese lugar no debiera usarse como comedor ni como oficina, sino sencillamente para el culto de Dios.
Cuando los niños asisten a la escuela en el mismo lugar donde se reùnen para rendir culto en el sábado, no se puede hacer que sientan la santidad del lugar y que entren en él con sentimientos de reverencia. Se mezclan de tal manera lo sagrado y lo común que es difícil distinguirlos.
Por esta razón, la casa o santuario dedicado a Dios no debiera convertirse en un lugar común. Su santidad no se debiera confundir ni mezclar con los sentimientos comunes de todos los días o de la vida comercial. Debiera haber un solemne temor reverente en los adoradores cuando entran en el santuario, y debieran dejar tras sí todos los pensamientos mundanos comunes, pues ése es el lugar donde Dios revela su presencia. Es como la cámara de audiencia del gran Dios eterno. Por lo tanto, el orgullo y la pasión, la disensión y la egolatría, el egoísmo y la avaricia, que Dios denuncia como idolatría, son inapropiados para tal lugar.—Manuscrito 23, 1886.
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CONDUCCIÓN DEL NIÑO
SECCIÓN #18 * El Mantenimiento de la Experiencia Religiosa *
Cap. 80: “LA REVERENCIA POR LO QUE ES SANTO ”
Por: Elena G De White
Colaboradores: América Lara & Adriana Jiménez

