EVITAD EL APRESURAMIENTO Y LA CENSURA AL COMENZAR —
Quizá preguntéis: ¿Cómo puedo remediar los males que ya existen? ¿Cómo comenzaremos el trabajo? Si os falta sabiduría, id a Dios. El ha prometido dar liberalmente. Orad mucho y fervientemente en procura de la ayuda divina. Una sola regla no se puede seguir en cada caso.
Se necesita ejercer un juicio santificado. No os apresuréis ni agitéis para atacar a vuestros hijos con censuras. Un proceder tal tan sólo les provocaría rebelión. Debierais lamentar profundamente cualquier equivocación cometida que quizá haya abierto la puerta a Satanás para descarriar a vuestros hijos con sus tentaciones. Sois culpables si no los habéis instruido en cuanto a la violación de las leyes de la salud. Habéis descuidado un deber importante, cuyo resultado puede verse en las prácticas erróneas de vuestros hijos.—An Appeal to Mothers, 20, 21.
INSTRUID CON DOMINIO PROPIO Y SIMPATÍA —
Antes de que comencéis la obra de enseñar a vuestros hijos la lección del dominio propio, debéis aprenderla vosotras mismas. Si os agitáis fácilmente y os impacientáis, ¿cómo podéis dar la impresión de que sois razonables a vuestros hijos al instruirlos para que dominen sus pasiones? Con dominio propio y sentimientos de la más profunda simpatía y compasión, debéis aproximaros a vuestros hijos descarriados para presentarles fielmente la ruina segura que se efectuará en su organismo si continúan en el proceder que han comenzado: pues mientras debilitan lo físico y mental, así también lo moral debe sentir la decadencia y están pecando no solamente contra sí mismos, sino contra Dios.
Si es posible, debéis hacerles sentir que han estado pecando contra Dios, el puro y santo Dios: que el gran Escudriñador de los corazones está disgustado con su proceder; que nada está oculto de él. Si podéis impresionar así a vuestros hijos para que se arrepientan de una manera aceptable a Dios, con ese piadoso dolor que obra arrepentimiento para salvación, del cual no se debe arrepentir uno, la obra será completa, la reforma segura. Ellos sentirán tristeza no solamente porque sus pecados son conocidos, sino que verán sus prácticas pecaminosas en toda su gravedad y serán inducidos a confesarlas a Dios sin reservas, y las abandonarán. Sentirán tristeza por su mala conducta porque han desagradado a Dios y pecado contra él y han deshonrado su cuerpo ante Aquel que los creó y les demanda que presenten su cuerpo como un sacrificio vivo, santo y aceptable ante él, que es su culto racional.—An Appeal to Mothers, 21, 22.
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CONDUCCIÓN DEL NIÑO
SECCIÓN #16 * Preservación de la Integridad Moral *
Cap. 71: “ LA VIGILANCIA Y AYUDAS PATERNALES ”
Por: Elena G De White
Colaboradores: América Lara & Adriana Jiménez
