El señor —– profesaba ser un consagrado seguidor de Cristo. Su salud estaba muy débil. Nuestra simpatía se despertó en favor de él. . . .
Su caso me fue mostrado en visión. Vi que estaba engañado en cuanto a sí mismo, que no disfrutaba del favor de Dios. Había practicado la masturbación hasta el punto de ser un mero despojo humano. Me fue mostrado que este vicio es una abominación a la vista de Dios. . . Había practicado esos hábitos por tanto tiempo, que parecía haber perdido el dominio propio. Era naturalmente inteligente, poseíá habilidades más que comunes. Pero ¡cómo habían sido puestas bajo el dominio de Satanás y consumidas ante su altar todas sus facultades corporales y mentales!
Este hombre había llegado al punto de que parecía estar abandonado por Dios. Se iba a los bosques y pasaba días y noches en ayuno y oración para poder vencer ese gran pecado, y luego volvía a sus viejas prácticas. Dios no escuchaba sus oraciones. Pedía a
Dios que hiciera para él lo que había estado en su poder hacer por sí mismo. Había hecho promesas a Dios vez tras vez, y frecuentemente había quebrantado sus votos y se había entregado a sus propias concupiscencias corruptas, hasta el punto de que Dios lo había dejado para que realizara su propia ruina. Ya ha muerto. Fue un suicida. La pureza del cielo nunca se malogrará con su compañía.—An Appeal to Mothers, 24-28.
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CONDUCCIÓN DEL NIÑO
SECCIÓN #16 * Preservación de la Integridad Moral *
Cap. 70: “ PRECAUCIONES Y CONSEJOS ”
Por: Elena G De White
Colaboradores: América Lara & Adriana Jiménez

