Sergio tenía fiebre, por eso debía quedarse en casa con su abuela. Su mamá le había prometido llegar temprano del trabajo. El niño jugó con su osito de peluche, después con sus cochecitos y, más tarde, estuvo dibujando. Pasaron las horas y se hizo de noche. De pronto, comenzó una tormenta tan fuerte que se fue la luz en toda la casa. ¡Estaban a oscuras! Para no tener miedo, Sergio comenzó a entonar los cánticos que había aprendido en la iglesia. Se acordó de muchos.
¡Qué alegría cuando, finamente, llegó su mamá!
¿Y yo?
¿Conoces algunos himnos de memoria? ¡Cantarle a Jesús es muy bueno!
Mi oración para hoy
Querido Jesús, muchas gracias por mi voz y por la oportunidad de cantarte.
En la Biblia leemos:
«Con corazón agradecido canten a Dios salmos,
himnos y cantos espirituales» (Colosenses 3: 16).
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Tomado de: Lecturas Devocionales para los más Pequeños
Por: Maria Augusta Lopes, Lara Figueiredo, Paulo Sérgio Macedo
