«Si afirmamos que tenemos comunión con él, pero vivimos en la oscuridad, mentimos y no ponemos en práctica la verdad» (1 Juan 1:6).
En un pequeño y humilde hogar convertido en iglesia en Turquía tuve el privilegio de compartir el mensaje de Cristo. Después del servicio, un joven llamado Emir se acercó para contarme su historia. Su relato era uno de cambio y revelación, un testimonio del poder transformador de la verdad.
Emir había crecido en una familia musulmana devota, donde las tradiciones y las prácticas religiosas formaban el tejido de su vida cotidiana. Desde su niñez le enseñaron a seguir los pilares del Islam, a respetar el Corán y a vivir según las enseñanzas de su fe. Sin embargo, Emir sentía que faltaba algo. A pesar de su devoción y de las prácticas religiosas, había una oscuridad que no podía disipar. Sentía que estaba caminando entre sombras.
Un día, por curiosidad, Emir asistió a una reunión cristiana. Allí escuchó por primera vez sobre Jesús, no solo como un profeta, sino como el Hijo de Dios y la Luz del mundo. Al principio, luchó con esta nueva enseñanza, temiendo que aceptarla fuera traicionar todo lo que había conocido. Pero, cuanto más aprendía, más atraído
se sentía por la figura de Jesús, su amor y su sacrificio.
La decisión de seguir a Cristo no fue fácil para Emir. Enfrentó el rechazo y la incomprensión de su familia y sus amigos. Pero no pudo ignorar la luz que había encontrado en Jesús. Fue como despertar de un largo sueño, y cada paso de fe disipaba las sombras de la duda y el temor.
Oración: Dios amoroso, gracias por tu luz, que ilumina mi vida.
Tomado de: Lecturas Devocionales de Adolescentes 2025
“MEGAVALIOSOS»
Por: Andrés J. Peralta
Colaboradores: Jhygceli Dávila y Adriana Jiménez
