miércoles , 23 septiembre 2026
Matinal Para Colportores

Caminar con Ángeles

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Por tanto vayan y hagan discípulos de todas las naciones… Y les aseguro que estaré con ustedes siempre, hasta el fin del mundo. Mateo 28:l9. 20, NVI.

Al comienzo de mi matrimonio estaba interesado en el colportaje, pero mi fe no era muy firme. Un día, un vecino se me acercó y me dijo que necesitaba dinero urgentemente para expandir su granja. Me rogó que lo ayudara, y prometió pagarme a los quince días. Yo no pude ignorar la situación, y sin consultar a mi esposa, le di el dinero, que había obtenido de una herencia de mis padres, y pensaba usar para mi negocio.

Eso fue hace 28 años, y aquel vecino todavía no me devolvió el dinero. Durante meses estuve muy afligido, casi desesperado. Pero luego decidí poner todo en las manos de Dios. ¡Qué alivio!

A mi esposa también lo costó superar el engaño y la deshonestidad de nuestro vecino, una noche, tuvo un sueño en el que oyó una voz fuerte, como de un ángel, diciendo: «No te preocupes, conozco tu corazón”. Su sueño fue un gran consuelo para mí, y decidí servir al Señor como colportor. Octubre de 2011 marcó mi año número 29 en el ministerio del colportaje. AI mirar atrás veo cómo Dios y sus ángeles me guiaron. Recuerdo un incidente, que para mío fue inolvidable.

Estaba trabajando en Nam Won, Chon Buk. Las rutas no estaban pavimentadas y era muy difícil transitarlas pues estaban llenas de pozos, lo que ocasionaba muchos accidentes. Un día, volviendo a casa, tuve que esperar 20 minutos para abordar el colectivo. Poco antes de que el colectivo llegara, sentí mucho sueño, como si estuviera bajo los efectos de anestesia. No pude luchar contra el sueño, y me dormí. Cuando desperté, noté que el colectivo se había ido y acababa de llegar el siguiente. ¿Por qué me había sobrevenido ese sueño tan profundo y tan repentino?

Cuando salimos de Nam Won y llegamos a la última colina del camino, vi al colectivo que había perdido: en la banquina, muy dañado. Muchos pasajeros habían sido llevados al hospital. Entonces entendí que Dios me había hecho dormir para que perdiera el colectivo. ¡Él es fiel!

Dios me llamó a su labor, y siempre me ha acompañado. La expresión “gente que camina con ángeles” no me resulta extraña, porque he estado caminando con ángeles desde que empecé a trabajar como colportor.

Le agradezco a Dios por elegirme en las horas más oscuras de mi vida para hacer su trabajo. Si no hubiera perdido ese dinero, podría haberme convertido en un mercader de oro, plata, y relojes. Confío en su promesa de estar a nuestro lado “hasta el fin del mundo”.

Kye Cheol Cho, Corea del Sur

Tomado de: Matinal para Colportores 2015
«Encuentros con la gracia de Dios»
Compilado por Howard Faigao

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