EN MIS PROYECTOS DE VIDA
«Y descendiendo Pedro dela barca; andaba sobre las aguas para ir a Jesús. Pero al ver el fuerte viento; tuvo miedo y comenzó a hundirse. Entonces gritó: «Señor, sálvame!» Al momento Jesús, extendiendo la mano, lo sostuvo y le dijo: «¡Hombre de poca fe! ¿Por qué dudaste?»» Mateo 14: 29-31.
Este texto forma parte de uno de los pasajes más asombrosos de los Evangelios (Mat. 14: 22-33). En la cuarta vigilia de la noche, cuando la oscuridad es mayor, Jesús avanza por encima de las olas al encuentro de los suyos, que se debaten contra la tempestad. Pedro, asombrado por el. portento, le suplica al Maestro que le permita acudir hacia él sobre el agua. Jesús, condescendiente con la fogosidad aventurera del joven, se lo concede.
El discípulo avanza sobre las olas puestos los ojos en el Maestro. Pero olvidando el prodigio, llevado por la emoción del surf sin tabla y quizá distraído por un sentimiento de vanidad ante sus compañeros; de pronto pierde de vista a Jesús, el pánico se adueña de él y empieza a hundirse. Creyendo perecer arrastrado hacia el abismo, Pedro grita desesperado: «¡Señor, sálvame!»:
Quizá no exista una oración más corta ni más importante en toda la Biblia.
El Maestro tiende la mano y lo saca a flote.
Cuando perdemos de vista a Jesús y queremos jugar a Superman podemos ponernos peligro.de muerte.
El error de Pedro no consiste en tener miedo, porque el miedo en situaciones extremas como esa es inevitable. Su fallo está en perder de vista a Jesús, en un momento en que su supervivencia dependía de su comunión con él. Su problema fue olvidar que no podía seguir avanzando indefinidamente sobre el agua por sus propios medios.
Abandonados a nosotros mismos, nos hundimos. Hay circunstancias que pueden con nosotros. En cualquier peligro necesitamos aferrarnos al brazo de Cristo que nos levanta y nos salva.
Su amor puede más que los vientos dél odio, el huracán de la pasión, los torbellinos del egoísmo, las mareas altas del orgullo y la falsa calma de la indiferencia. Su misericordia mucho mayor que nuestra vana estupidez, nuestra insensata imprudencia o nuestra necia vanidad.
Señor, recuérdame hoy que, en la travesía de la vida, cuando estoy en alta mar, el «surf sin tabla» no funciona, pero que de tu mano estaré siempre seguro y salvo, aun en medio de las peores tormentas.
Tomado de: Lecturas Devocionales para Adultos 2025
«CON JESÚS HOY»
Por: Roberto Badenas
Colaboradores: Nilken Ortíz y Silvia García
