domingo , 26 abril 2026
Devocional Vespertino 2024

«CALLES PELIGROSAS»

«Al caer la tarde llegaron los dos ángeles a Sodoma. Lot estaba sentado a la entrada de Sodoma, así que al verlos se levantó a recibirlos […] y dijo: «Señores míos, les ruego que vengan a la casa de este siervo suyo y pasen allí la noche. Se lavarán los pies, y por la mañana podrán levantarse y seguir su camino»».  Génesis 19: 1, 2, RVC

Lot, sobrino de Abraham, aunque se había establecido en Sodoma, poseía el mismo espíritu bondadoso y hospitalario del patriarca. Cuando al anochecer vio a los forasteros en la puerta de la ciudad, y como conocía los peligros que con toda seguridad los asediarían en ese lugar impío, insistió en llevarlos a su casa. No pensó en el peligro que correrían él y los suyos. Era parte de su vida proteger a los que estaban en peligro y cuidar de los que no tenían hogar; el acto bondadoso realizado en favor de dos viajeros desconocidos trajo ángeles a su hogar. Los visitantes a quienes trataba de proteger, lo protegieron a él. Al anochecer los había introducido en su casa para alejarlos del peligro; al amanecer, ellos llevaron a él y a su familia a un lugar seguro fuera de las puertas de la ciudad condenada a la destrucción.— Testimonios para la iglesia, t. 6, p. 344.

Lot no conocía el verdadero carácter de los visitantes, pero la cortesía y la hospitalidad eran una costumbre en él, formaban parte de su religión, eran lecciones que había aprendido del ejemplo de Abraham. Si no hubiera cultivado este espíritu de cortesía, habría sido abandonado para morir con los demás habitantes de Sodoma. Muchas familias, al cerrar sus puertas a un forastero, han excluido a algún mensajero de Dios, que les habría proporcionado bendición, esperanza y paz.

En la vida, todo acto, por insignificante que sea, tiene su influencia para el bien 0 para el mal. La fidelidad o el descuido en lo que parecen ser deberes menos importantes puede abrir la puerta a las más ricas bendiciones o a las mayores calamidades. Son las cosas pequeñas las que prueban el carácter. Dios mira con una sonrisa complaciente los actos humildes de abnegación cotidiana, si se realizan con un corazón alegre y voluntario.

No hemos de vivir para nosotros mismos, sino para los demás. Solo olvidándonos de nosotros mismos y participando de un espíritu amable y ayudador, podemos hacer de nuestra vida una bendición. Las pequeñas atenciones, los actos sencillos de cortesía, contribuyen mucho a la felicidad de la vida, y el descuido de estas cosas influye […] en la miseria humana.- Patriarcas y profetas, cap. 14, pp. 137, 138.

 

 

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Devocional Vespertino para 2024.
«Conflicto y Valor»
Por: Elena G de White
Colaboradores: José Sánchez y Silvia García

 

 

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