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«Elíseo envió un mensajero a que le dijera: «Ve y lávate siete veces en el río Jordán, y tu cuerpo quedará limpio de la lepra». Naamán se enfureció, y se fue diciendo: «Yo pensé que iba a salir a recibirme, y que de pie iba a invocar al Señor su Dios, y que luego iba a mover su mano sobre la parte enferma, y que así me quitaría la lepra»» (2 Reyes 5: 10-1 1).
Recientemente un grupo de jóvenes de mi iglesia y yo decidimos jugar al fútbol americano. Había unos cuantos participantes adolescentes, pero aquellos que, digamos, ya estábamos en una edad poco juvenil, nos entusiasmamos ante la ocasión de participar. Nos sentimos como en nuestros años mozos.
Todo el mundo jugaba lo mejor que sabía y yo, el mariscal de campo, hice un pase impresionante. Sin embargo, un ambicioso miembro del equipo contrario tuvo el atrevimiento de hacerme un placaje. ¡¡¡A mí, que soy un pastor ordenado!!! Así que entré en acción: corrí sesenta yardas e hice un touchdown antes de que nadie pudiera siquiera darse cuenta de lo que había sucedido. Los jóvenes lo intentaron una vez más, pero de nuevo yo hice otro touchdown; y otro, y otro, Mi equipo ganó, gracias sobre todo a mi ayuda. El otro equipo se quedó alucinado sin comprender qué les había fallado. Sin embargo, su dolor pronto se convirtió en mi dolor porque a la mañana siguiente me di cuenta de lo fuera de forma que estaba. El enorme esfuerzo que había hecho el domingo me pasó factura el lunes. Aunque tenía unos cuantos buenos movimientos bajo la manga, mis músculos estaban totalmente flácidos, como una medusa. Todo el cuerpo me dolía y mi esposa no dejaba de llamarme «abuelo» (lo cual también me dolía). Así que tomé la decisión de volver a hacer ejercicio para ponerme en forma.
Sabía que no iba a ser fácil obtener los resultados que deseaba; para lograrlo necesitaría tiempo, esfuerzo y buenos hábitos, No existen píldoras ni fórmulas mágicas que te pongan en forma de un día para otro.
Naamán quería sanar de la lepra y para ello esperaba que el profeta le dijera algo especial, o que hiciera algo especial. Sin embargo, el profeta simplemente le dijo que se sumergiera siete veces en un río sucio. A ti y a mí puede que nos cueste tener hábitos sanos, 0 que tengamos otros defectos y debilidades. Dios podría darnos la victoria sobre ellos instantáneamente, pero lo más seguro es que quiera que obtengamos la victoria mediante el trabajo duro y el desarrollo de buenos hábitos. Él nos dará las fuerzas y el valor que necesitamos. Así que no te desanimes si todavía tienes ciertos Obstáculos que quieres superar; pídele ayuda a Jesús y sigue intentándolo.
#MatinaldeAdolescentes
#RadioJovenAdventista
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Tomado de: Lecturas Devocionales para Adolescentes 2017.
“FUSIÓN”
Por: Melissa y Greg Howell Seth Pierce.
