«Venga tu reino».
Mateo 6: 10
Los discípulos de Cristo esperaban el advenimiento inmediato del reino de su gloria; pero al darles esta oración Jesús les enseñó que el reino no había de establecerse entonces. Debían orar por su venida como un suceso todavía futuro. Pero esta petición era también una promesa para ellos. Aunque no verían el advenimiento del reino en su tiempo, el hecho de que Jesús les dijera que oraran por él es prueba de que ciertamente vendrá cuando Dios quiera.
El reino de la gracia de Dios se está estableciendo, a medida que ahora, día tras día, los corazones que estaban llenos de pecado y rebelión se someten a la soberanía de su amor. Pero el establecimiento completo del reino de su gloria no se producirá hasta la segunda venida de Cristo a este mundo.— El discurso maestro de Jesucristo, cap. 5, pp. 165, 166.
El pueblo de Dios no puede recibir el reino antes de que se realice el advenimiento personal de Cristo. El Señor había dicho: «Cuando el Hijo del hombre venga en su gloria, con todos sus ángeles, se sentará en su trono glorioso. Todas las naciones se reunirán delante de él. Entonces dirá el Rey a los que estén a su derecha: «Vengan ustedes, a quienes mi Padre ha bendecido; reciban su herencia, el reino preparado para ustedes desde la creación del mundo»» Mat. 25: 31-34, NVI. Cuando venga el Hijo del hombre, los muertos serán resucitados incorruptibles, y los vivos serán mudados. Este gran cambio los preparará para recibir el reino. En su estado presente el ser humano es mortal, corruptible; pero el reino de Dios será incorruptible y sempiterno. Por lo tanto, en su estado presente el ser humano no puede entrar en el reino de Dios. Pero cuando venga Jesús, concederá la inmortalidad a su pueblo; y luego los llamará a poseer el reino, del que hasta aquí solo han sido presuntos herederos.— El conflicto de los siglos, cap. 19, p. 322.
Si somos «de Cristo», «todo» es nuestro. 1Cor. 3: 23, 21. Por ahora somos como hijos que aún no disfrutan de su herencia. Dios no nos confía nuestro precioso legado, no sea que Satanás nos engañe con sus astutos sofismas, como engañó a la primera pareja en el Edén. Cristo lo guarda seguro para nosotros fuera del alcance del despojador.— El discurso maestro de Jesucristo, cap. 5, p. 169.
EL REINO DE GLORIA
Tomado de: Lecturas Devocional Vespertino 2025
«La Maravillosa Gracia De Dios»
Por: Elena G. White
Colaboradores: José Sánchez y Silvia García
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