«Pero, cuando los eunucos comunicaron la orden del rey, la reina se negó a ir. Esto contrarió mucho al rey y se enfureció»
Ester 1: 12.
El extenso y poderoso Imperio Medopersa abarcaba, sobre el año 500 a.C., desde la India hasta Etiopía (ver Ester 1: 1) y era gobernado por Jerjes I, también conocido como Asuero. Contaba con más de cien gobernadores y tenía su capital en la ciudad de Susa.
En el tercer año de su reinado, Jerjes ofreció un prolongado y opulento banquete a sus cortesanos y nobles, así como a gobernadores y príncipes. Envalentonado con los excesos en bebida, comida y diversión, el monarca quería mostrar su fuerza y poder para convocar al ejército a la guerra y aumentar sus dominios. La fiesta duró seis meses (ver Ester 1: 4). Después, el rey dio otro banquete solo para los ciudadanos de sexo masculino, que duró siete días (vers. 5).
Coloridas alfombras persas estaban distribuidas por el piso de mármol; cortinas y otros tejidos finos colgaban con cordones de lino y argollas de plata; columnas de mármol sostenían el techo y adornaban los ricos salones. Los hombres, ebrios, se reclinaban en lechos de oro y plata, sobre cojines finamente bordados. Todos bebían en copas de oro. El rey había ordenado que bebiesen todo lo que quisieran. Al final de los siete días, ¿cuál era la escena? Un bando de borrachos tontos e irrespetuosos.
Vasti, la bella y joven reina, ofrecía simultáneamente, en otro salón del palacio, una fiesta para las mujeres. Tal vez charlaban acerca de sus luchas diarias, aconsejándose mutuamente sobre los problemas que enfrentaban. Fue entonces cuando la comparecencia de Vasti fue solicitada por el rey, que estaba completamente borracho y quería que ella desfilara para mostrar a los hombres su belleza. Vasti, cuyo nombre significa «la mejor» en persa, se negó a presentarse. Sabía que todos estaban ebrios y decidió mantener su postura noble y sensata, incluso para honrar a su esposo. Actuando de acuerdo con su conciencia pura, creía que, al volver a la razón, él la elogiaría, pero los consejeros del rey, cortesanos ciegos a la pureza, lo influenciaron para que no quedara sin castigo aquella humillación.
Vasti fue depuesta del trono, pero, con su actitud valiente, nos dejó un ejemplo de osadía e integridad. No actuó contra su limpia conciencia, aun cuando tuvo que pagar por ello un precio muy elevado. Así preparó el camino para la reina Ester.
La experiencia de Vasti demuestra que no está mal contradecir actitudes y decisiones que violan claramente nuestros principios, fundamentados en la Biblia. Hace falta valentía para hacer lo que es correcto. Procura ser íntegra y conservar una conciencia limpia.
Aunque, tal vez, por hacerlo, sufras duras consecuencias.
Lecturas Devocionales para Damas 2026
“SUBLIME BELLEZA»
Por: MARIAN M.GRUDTNER
Colaboradores: Milenia de la Rosa y Silvia García F.
