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«Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte ni la vida, ni ángeles ni principados ni potestades, ni lo presente ni lo por venir, ni lo alto ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús, Señor nuestro». Romanos 8: 38, 39
ENTONCES, ¿QUÉ RESPUESTA daremos a la pregunta que formulábamos hace una semana de qué mató a Jesús? Situados entre el Getsemaní y el Gólgota, nuestro corazón se enfrenta a dos realidades innegables y supremas: Cuán sumamente terrible es nuestro pecado; ¡y cuán sumamente maravilloso es su amor! Estuvo dispuesto a verse separado de Dios para siempre para que pudiéramos ser salvados para siempre. Abandonado para que nosotros pudiéramos ser hallados, rechazado para que nosotros pudiéramos ser redimidos, experimentó la muerte segunda para que pudiéramos tener una segunda oportunidad. En todo nuestro débil lenguaje humano, no hay más palabra para tal sacrificio que la palabra «amor».
George Matheson estaba enamorado. Él y la joven de sus sueños iban acasarse en poco tiempo. De repente, sobrevino la tragedia. George se quedó misteriosamente ciego. Pero, aunque sus ojos ya no podían ver, su corazón podía seguir amando a la mujer que iba a convertirse en su esposa.
Hasta que sobrevino una segunda tragedia. Una mañana Matheson oyó sus pasos acercándose. Pero cuando su prometida habló, anunció que no era capaz de casarse con un ciego. Y cuando el eco de sus pasos salió de su vida para siempre, unos ojos que no podían ver derramaron lágrimas que solo podían ser sentidas. Ella lo había amado, pero eligió no quedarse con él.
En su propia agonía personal, un día Matheson buscó a tientas una pluma y escribió sobre otro amor. En la magnífica traducción española de Vicente Mendoza, su primera estrofa dice así:
Amor que no me dejarás,
descansa mi alma siempre en ti;
es tuya y tú la guardarás,
y en tu regazo acogedor
la paz encontrará.
¿Que mató a Jesús? Un huerto y una cruz declaran que mayor que nuestro pecado contra Él fue su amor hacia nosotros. Y eso le arrebató lo vida en el Calvario: el abrazo clavado, abierto de par a par, de un amor que nunca te dejará.
Por los siglos de los siglos.
Amen.
#MatinalDeAdultos
#RadioJovenAdventista
#MeditacionesDiarias
Tomado de: Lecturas Devocionales para Adultos 2016.
“El sueño de Dios para Ti, Tu Eres el Elegido”
Por: Dwight K. Nelson.
