«Bienaventurados los pacificadores, porque ellos serán llamados hijos de Dios». Mateo 5: 9
Después de que Adán y Eva pecaron, el planeta Tierra se convirtió en un gran campo de batalla. El conflicto cósmico entre el bien y el mal afectó todos los niveles de relaciones, desde el matrimonio hasta las relaciones diplomáticas entre países. En nuestros días, parece que mucha gente vive constantemente en guerra.
«Hace algunos años vi esta realidad de cerca. Aproximadamente a las 11 de la noche, recibí una llamada telefónica. Al otro lado, había una persona desesperada. Su propio cónyuge la estaba amenazando. Rápidamente llamé a un anciano de mi iglesia y fuimos a la casa de esta familia. Al llegar allí; vi una escena de guerra. Mientras los niños dormían, la pareja discutía por celos. Después de mucha conversación, cuando los ánimos se calmaron, ambos se dieron cuenta de que había muchas cosas que cambiar. Oramos con ellos y, finalmente, en plena madrugada, volvimos a casa respirando «aire de paz».
No siempre es fácil vivir en paz. Se necesita mucha calma, sabiduría y la acción del Espíritu Santo para no perder la compostura en muchas situaciones. Si el orgullo invade el corazón, nos volvemos vulnerables al desequilibrio, y la falta de paz sé convierte en una realidad. Por eso, siempre es necesario seguir el consejo bíblico: «Esfuércense por vivir en paz con todos» (Heb. 12: 14, NTV).
La paz es una realidad que todos anhelan. Sin embargo, muchas personas desconocen su significado. Según el sociólogo noruego Johan Gáltungt existen dos tipos de paz: la paz negativa, que es la mera ausencia de guerra, pero que no elimina la violencia estructural de la sociedad; y la paz positiva que implica un cambio a partir de la ayuda mutua, la educación y la erradicación de las desigualdades sociales.
Sin embargo, hay otra dimensión que Galtung dejó de mencionar: la paz en el sentido espiritual. Jesús dijo: «Mi paz les dejo. Mi paz les doy. No se la doy como el mundo la da» (Juan 14:27). La paz de Jesús es diferente de las demás porque restaura al ser humano por completo Cristo es el único capaz de restaurar matrimonios, reparar amistades y reconciliarnos con Dios. El es el Príncipe de Paz(lsa. 9: 6).
¿Necesitas esa paz hoy? Te sugiero que vayas a Jesús. El es lo que tanto necesitas. Solo Jesús hará de ti un amigo de la paz.
«DIFERENTE»
POR: MILTON ANDRADE
Colaboradores: Isaí Cedano y Karla González
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