AMAR A LOS DEMÁS COMO A UNO MISMO

Dejar a un vecino  sufriente  sin atender  a sus necesidades, equivale a abrir una brecha  en la ley  de Dios… El que ama a Dios  no solamente amará a sus semejantes, sino  que considerará con tierna  compasión  las criaturas que Dios ha hecho. Cuando  el  Espíritu de Dios está en el  hombre,  induce a prestar alivio en lugar de producir sufrimiento… Debernos cuidar cada caso  de sufrimiento,  y consideramos instrumentos  de Dios para aliviar al  necesitado  basta donde  nos lo  permita  nuestra  habilidad. Debemos  ser  colaboradores  de  Dios… Interroguémonos  con  corazón fervoroso:  «¿Quién  es mi  prójimo?» Nuestro  prójimo  no es meramente nuestro vecino o nuestro amigo particular; no son sencillamente los que pertenecen  a nuestra  iglesia y piensan  como  nosotros.  Nuestro  prójimo es toda  la familia  humana.  Debemos  ser buenos con lodos  los  hombres y especialmente  con aquellos  que  son de  la  familia  de  la  fe.  Debemos dar al  mundo  una  demostración   de  lo  que  significa  cumplir   la  ley  de Dios.  Debernos amar a Dios por sobre todo y a nuestros prójimos como a nosotros mismos  (Sons and Daughters of God, p. 52; parcialmente en Hijos e hijas de Dios, p. 54).

Algunos falsos maestros  habían  presentado  a los Gálatas  doctrinas opuestas  al  evangelio   de  Cristo.  Pablo  trataba  de  exponer   y corregir estos  errores… Por  lo  tanto  trataba  de  hacer  ver  a  sus  hermanos  la importancia  de  ayudarse   unos  a  otros  con  amor.   Declaró   que  todas las demandas de  la  ley que presentan   nuestros  deberes  hacia  nuestros semejantes se cumplen  al  amarnos  unos  a otros… Mediante  constante oración  debían  buscar  la dirección  del  Espíritu  Santo, que  los  conduciría al  amor y la unidad  (Testimonios para la iglesia, t. 5, p. 225).

Cuando  la  ley  de  Dios  está  escrita  en  el  corazón,  se  manifiesta mediante una vida pura y santa. Los mandamientos de Dios no son letra muerta.  Son espíritu y son vida, y someten  la imaginación y hasta  los pensamientos  a la  voluntad de Cristo.  El  corazón  en el  cual  estén escritos será guardado  con toda diligencia porque de él mana  la vida.  Todos los  que  amen  a Jesús  y guarden  sus  mandamientos  tratarán  de  evitar hasta la misma apariencia del mal, no porque estén obligados a hacerlo, sino porque estarán  copiando  un modelo  puro y sentirán aversión  por todo lo que no esté de acuerdo con la ley escrita en sus corazones. No manifestarán  suficiencia  propia, sino que  confiarán  en Dios,  el  único que  puede  librarlos  del  pecado  y  la  impureza.  La atmósfera  que  los rodee será pura; no contaminarán  sus propias almas ni la de los demás. Se complacerán en obrar con justicia, en amar misericordia y en humillarse para andar con Dios (Cada día con Dios, p. 144).

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Notas de Elena G. White para la Escuela Sabática 2023.
4º. Trimestre 2023 «LA MISIÓN DE DIOS: MI MISIÓN»
Lección 7: «
MISIÓN EN FAVOR DEL PRÓJIMO»
Colaboradores: Ana Hironymus & Esther Jiménez

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