«No acumulen para si tesoros en la tierra, donde la polilla y el óxido destruyen, y donde los ladrones se meten a robar» (Mat. 6:19).
Sostener un teléfono celular no parece algo muy difícil de hacer. Tenemos manos. Tomamos el teléfono con la mano y recordamos no soltarlo.
Sencillo, ¿no? Pero, aun así, se nos cae un montón de veces. Si pudieras configurar tus oídos para escuchar el sonido de todos los smartphones que se caen, probablemente sonarían como gotitas de lluvia. Luego de cada ti-pi-tap, también oirías el quejido del dueño del teléfono al recogerlo y descubrir que la pantalla se hizo añicos.
Qué triste. Nadie quiere que se le rompa ninguno de sus objetos preferidos. A menos que eso le salve la vida.
El soldado Joel Stubleski estaba regresando de una misión en Afganistán cuando su unidad quedó atrapada bajo el fuego. Sintió presión en su pierna y vio que le salía sangre del muslo. Fue evacuado del lugar en helicóptero y, cuando los médicos le cortaron los pantalones para analizar sus heridas, descubrieron que su iPhone todavía estaba en el bolsillo, y tenía un orificio de bala. «Los médicos se me acercaban y me decían que era ‘lo más increíble que habían visto»‘, le contó a un reportero de una cadena de televisión.
Los médicos le dijeron después que, probablemente, su iPhone había cambiado la trayectoria de la bala, evitando que llegara a la arteria principal, y salvándole así la vida.
Joel no se siente tan mal por el hecho de que se le haya roto el teléfono. Prefiere estar vivo que tener un iPhone perfecto. Si hay algún objeto en tu vida que se está volviendo más importante para ti que las personas que te rodean, quizá sea hora de que lo dejes caer. Kim
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Tomado de: Lecturas Devocionales de Adolescentes 2020
“Una idea genial”
Por: Kim Peckham
Colaboradores: Esteban Cortes & Antonia H
