“Amad a Jehová, todos vosotros sus santos; a los fieles guarda Jehová”. Salmos 31:23
Las autoridades encontraron al joven marinero Gerrit Corneliss trabajando en una barcaza, Tras llevarlo a la municipalidad, lo interrogaron y le pidieron que abandonara sus creencias en el Nuevo Testamento.
Gerrit se rehusó a hacerlo, como también a darles información alguna que pudiera conducir al arresto de sus compañeros creyentes. Para doblegarlo, le vendaron los ojos y lo colgaron de las manos, dejándolo suspendido por largos periodos. Lo golpearon con varas y lo torturaron en el potro
Sus verdugos lo amenazaron con seguir atormentándolo hasta que cediera, pero él permaneció en silencio. Se dice que agradecía a Dios por mantener sus labios sellados.
Cuando por último decidieron quemarlo, tuvieron que cargarlo en una silla porque ya no podía caminar. Al llegar a la hoguera, Gerrit abrió sus labios, pero sólo para orar fervorosamente: “Padre y Señor, ten misericordia de mí… Tú conoces mi amor sencillo hacia ti; acéptame, y perdona a quienes me infligen este sufrimiento”.
En la Edad Media, la iglesia se había vuelto poderosa, al grado de usurpar la autoridad estatal. No había, pues, mayor diferencia entre la autoridad de la Iglesia y la del Estado. Por eso, sostener creencias distintas a las prescritas por la iglesia del Estado equivalía a un acto de traición; y se perseguía implacablemente a quienes creían en cualquier otro dogma.
Es interesante notar que particularmente en relación con ese tiempo de persecución, Dios hizo esta asombrosa promesa a sus seguidores: “Y se le dieron a la mujer las dos alas de la gran águila, para que volase de delante de la serpiente al desierto, a su lugar, donde es sustentada por un tiempo, y tiempos, y la mitad de un tiempo” (Apoc. 12: l4).
¡Asombroso! Dios sustentó a su pueblo en el desierto. Oprimido, perseguido, atormentado, pero sustentado. Hostigado, acorralado, probado, condenado a muerte, pero sustentado. Siempre, sean cuales fueren sus pruebas, el pueblo de Dios recibe su sustento espiritual. Dios no nos abandona en nuestros momentos de mayor dificultad. No nos deja cuando las cosas van mal. Como los cristianos fieles de la Edad Media, también nosotros recibimos el sustento de la verdad. Dios utiliza los problemas que enfrentamos para enseñarnos. Usa el estrés y los reveses de la vida para fortalecernos y sustentarnos.
Sean cuales fueren las dificultades que afrontemos hoy, la promesa de Dios es nuestra. Fijemos nuestros ojos en él. El Señor nos sustentará en nuestros respectivos “desiertos”.
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Lecturas Devocionales Familiares 2023
«SOBRE TIERRA FIRME»
Por: MARK FINLEY
Colaboradores: Familia Mariscal & Paty Solares
