«Alégrense siempre en el Señor» (Filipenses 4: 4).
Pensemos en algunas cosas que te hacen feliz. ¿Qué tal las galletas? [Escriba «galletas» con un lápiz. Piense en otras cosas triviales, como juguetes o entretenimientos.] Ahora, ¿crees que es posible ser felices sin galletas? Yo estaría triste durante un tiempo si no pudiera tener galletas. Pero aprendería a estar feliz sin ellas. [Borre «galletas». Hable de las otras cosas que están en la lista, y
luego bórrelas.]
La felicidad no depende de las cosas. Podemos ser felices sin ellas. Pablo dice que el Espíritu Santo nos ayudará a producir frutos. La alegría es uno de esos frutos. El Espíritu Santo puede hacernos sentir alegres.
Pablo escribió una carta sobre la alegría a sus amigos de Filipos. Aunque Pablo, ya anciano, estaba en la cárcel por estar predicando de Jesús, solo y con frío, estaba alegre. ¿Sabes por qué? Porque Pablo tenía a Jesús. [Escriba «Jesús», con un marcador.] Nadie podía quitarle eso. [Demuestre que no se borra.] Jesús nos trae verdadera alegría.
En la lista de los frutos del Espíritu, la alegría está en el segundo lugar, justo después del amor. Si tenemos amor, también seremos alegres. [Agregue «Alegría» al árbol.]
Querido Jesús, ayúdame a aprender a estar alegre. Amén.
Materiales: Papel, lápiz, borrador, marcador y un corazón de papel con la palabra «Alegría» escrita.
Actividad: Hacer el corazón de la alegría
Tomado de: Lecturas devocionales para los más pequeños 2014
“¿Qué dice Jesús?”
Rosanne C. Tetz
