«Y yo, Juan, vi la santa ciudad, la nueva Jerusalén, descender del cielo, de parte de Dios, ataviada como una esposa hermoseada para su esposo».
Apocalipsis 21: 2
AIlí está la nueva Jerusalén, la metrópoli de la nueva tierra glorificada, «corona de hermosura en la mano de Jehová, y una diadema real en la mano de nuestro Dios» Isa. 62:3. -«Su luz era semejante a una piedra preciosísima, como piedra de jaspe, transparente como el cristal» Apoc. 2: 11. «Las naciones andarán a la luz de ella; y los reyes de la tierra traen a ella su gloria» Apoc. 21: 24. El Señor dijo: «Yo me alegraré con Jerusalén, y me gozaré con mi pueblo» Isa. 65: 19. «El tabenáculo de Dios está ahora con los hombres. Él morará con ellos, ellos serán su pueblo, y Dios mismo estará con ellos como su Dios» Apoc. 21: 3.
En la ciudad de Dios «no habrá ya más noche»; Nadie necesitará ni deseará descanso. No habrá quien se canse haciendo la voluntad de Dios ni ofreciendo alabanzas a su nombre. Sentiremos siempre la frescura de la mañana,: que nunca se agostará. «No tienen necesidad de luz de lámpara ni de luz del sol, porque Dios el Señor los iluminará» (Apoc. 22: 5). La luz del sol será sobrepujada por un brillo que sin deslumbrar la vista excederá sin medida la claridad de nuestro mediodía. La gloria de Dios y del Cordero inunda la ciudad santa con una luz que nunca se desvanece.— El conflicto de los siglos, cap. 43, pp. 655, 656.
En sus visiones el profeta ve a los que triunfaron sobre el pecado y el sepulcro felices en la presencia de su Creador, conversando libremente con él como el ser humano conversaba con Dios en el principio, El Señor los invita así: «Ustedes se alegrarán y regocijarán siempre en lo que voy a crear. Estoy por crear una Jerusalén alegre y un pueblo gozoso. Yo me alegraré con Jerusalén; me gozaré con mi pueblo, y nunca más volverán a oírse en ella voces de llanto ni de clamor» Isa. 65: 18, 19, RVC.
Mientras el profeta contempla a los redimidos morando en la ciudad de Dios, libres del pecado y de todos los rastros de la maldición, exclama lleno de entusiasmo: «Mas alégrense con Jerusalén y regocíjense por ella, todos los que la aman; salten con ella de alegría» Isa. 66: 10, NVI.— Profetas y reyes, cap. 60, pp. 494, 495.
EL REINO DE GLORIA
Tomado de: Lecturas Devocional Vespertino 2025
«La Maravillosa Gracia De Dios»
Por: Elena G. White
Colaboradores: José Sánchez y Silvia García
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