«Cantemos alabanzas a nuestro Dios»
(Salmo 96: 2, TLA).

Dale ahora otra mordida imaginaria, pero esta vez di: «¡Mmmmm!» o «¡Qué rico!» o lo que quieras.
¿Cuál de los dos bocados te supo mejor? Cuando manifestamos que algo nos gusta, lo disfrutamos más. Por eso lo decimos. Cuando decimos algo bueno de una cosa, expresamos lo bueno, bonito o agradable que es. Y lo contamos a otros. Cuando vemos algo lindo, como un arcoíris o una mariposa, queremos compartirlo y decimos: «¡Mira!».
En la Biblia hay poesías, como los Salmos, que hablan de lo grande que es Dios, quien hizo este maravilloso mundo. Hay cantos de alabanza a Dios por su amor y protección.
Escucha este canto: «¡Alabadle!» (Himnario adventista, n° 141). [Enfatice las partes de alabanza. Aplauda para crear ritmo. Anime a su niño a unírsele.]
Hagamos un libro de alabanzas [Doble un papel por la mitad para formar un libro de cuatro páginas. Dibuje cosas por las cuales usted alaba a Dios.]
Querido Dios, te canto y te alabo. Amén.
Materiales: Papel y crayones o revistas viejas, tijera y pegamento.
Actividad: Hacer un libro de alabanzas
Tomado de: Lecturas devocionales para los más pequeños 2014
«¿Qué dice Jesús?»
Rosanne C. Tetz