El joven industrioso y económico, aunque sea pobre puede ahorrar un poco para la causa de Dios. Cuando yo tenía sólo doce años de edad, sabía lo que era economizar. Aprendí un oficio, junto con mi hermana, y aunque sólo ganábamos veinticinco centavos de dólar por día, podíamos ahorrar algo de esta suma para dar para las misiones. Ahorramos poco a poco hasta que tuvimos treinta dólares. Luego, cuando oímos el mensaje de la pronta venida del Señor, junto con un pedido de hombres y medios, consideramos un privilegio entregar los treinta dólares a nuestro padre y pedirle que los invirtiera en folletos para enviar el mensaje a los que se hallaban en tinieblas. Es deber de todos los que se relacionan con la obra de Dios aprender la economía en el uso del tiempo y el dinero. Los que se complacen en la ociosidad revelan que dan poca importancia a las gloriosas verdades que nos han sido encomendadas. Necesitan adquirir hábitos de laboriosidad y aprender a trabajar teniendo sólo en vista la gloria de Dios.
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Libro Mensaje Para los Jóvenes
Sección 10—LA MAYORDOMÍA —capítulo 98
Por: Elena G De White
Colaboradores:Liseth Orduz & América Lara
