«Pasado algún tiempo, Absalón consiguió un carro de Combate y caballos, y formó una guardia personal de cincuenta hombres». 2 Sam. 15:1
«¡Buenos días!».
El hombre que avanzaba furioso, dando grandes pasos en dirección a Jerusalén, volvió la cabeza para ver quién lo saludaba. ¡Era Absalón, el príncipe! El rostro del hombre esbozó una sonrisa.
—¡Buen día, Alteza! —respondió.
—¿Qué lo trae a Jerusalén? —le preguntó Absalón devolviéndole la sonrisa.
La expresión del hombre cambió.
—¡Me han hecho daño y busco justicia!
Yo…
El príncipe asintió fingiendo interés, mientras el hombre presentaba sus quejas. Pero en realidad, apenas prestaba atención y los detalles no le interesaban en absoluto. Cuando el hombre terminó, Absalón le dijo:
—Tu demanda es justa y razonable, pero no hay quien te atienda por parte del rey —entonces dejó escapar un largo suspiro ¡ojalá yo fuera el juez de este país, para que vinieran a verme todos los que tienen pleitos legales! Yo les haría justicia (ver 2 Sam. 15:2-4).
Absalón iba dando la razón a todos los que llegaban a Jerusalén. Sabía que era la mejor estrategia para lograr partidarios de su rebelión. Luego atrajo al hombre hacia él y lo besó. iUn éxito rotundo! El hombre le agradeció profusamente y regresó a su casa para contarles a todos sus conocidos lo amable y comprensivo que era el príncipe.
Absalón hacía lo mismo con todos los que llevaban una solicitud para el rey: los saludaba, les hablaba con gentileza, les daba la mano y los besaba. Lo había planeado todo cuidadosamente, hasta que, como dice 2 Samuel 15: 6, «les robaba el corazón a los israelitas». Su padre no se percató del ardid, solo vio lo que quería ver. Cuando Absalón le comentó que quería viajar a Hebrón para adorar a Dios allí, David no sospechó nada. «Ve en paz, hijo mío», le dijo. Pero la paz estaba muy lejos de la mente y el corazón del príncipe. ¿En qué pensaba? En hacerse con el trono.
De acuerdo con lo planeado, al sonar las trompetas los mensajeros proclamaron: «Absalón es rey en Hebrón». David rápidamente convocó a todos sus oficiales leales. «¡Vengan! Debemos huir o ninguno de nosotros escapará de la mano de Absalón. Debemos salir de Inmediato, porque él se moverá rápidamente para alcanzamos, para traer ruina sobre nosotros y poner la ciudad entera bajo su espada».
David, que una vez fue fugitivo del rey Saúl, tenía que huir para escapar de la furia de su propio hijo.
Continuará…
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Tomado de: Lecturas Devocionales de Adolescentes 2021
“NO SE TRATA DE MÍ, SE TRATA DE TI”
Por: Tompaul Wheeler
Colaboradores: Gisela Barbosa & Antonia
