“En esto se mostró el amor de Dios para con nosotros, en que Dios envió a su Hijo unigénito, para que vivamos por él”.
1 Juan 4:9
¡Kim estaba emocionada! Más que emocionada.. ¡Eufórica! ¡Extasiada de gozo! Steve, su esposo, acababa de ganar en la lotería de Ohio varios millones de dólares, los cuales cobraría a razón de $107.000 por año, durante 20 años. Y además, ganó otra, por $ 100.000 Esta pareja de Dayton podría vivir por el resto de sus vidas la vida de sus sueños, con todo lo que quisieran a su alcance.
Solo había un problema. Ella tenía relaciones con otro hombre, y sabía que haber ganado la lotería sólo iba a acarrearle mayores problemas. No quería alejarse de esa fortuna, pero tampoco quería terminar con su aventura amorosa. Quería el dinero de Steve, pero no tenía interés en su amor. Las ganancias de la lotería dominaban su mente. Para poder quedarse con todo el dinero, decidió contratar a alguien que eliminan a su esposo.
Mientras hablaba por teléfono con su amante acerca de sus planes, el hijo de Kim, de 21 años, oyó la conversación. Pronto, la policía llegó y arrestó a la mujer por encargar la muerte de su esposo por la suma de $5OO. Ya había pagado $25, comprometiéndose a pagar el resto en cuanto le terminaran el “trabajo”.
Sorprendentemente, Steve la visitó con frecuencia mientras estuvo en prisión. Según él, “uno no tira bajo el puente 22 años de matrimonio’. Sus relaciones se afianzaron. Él procuró diligentemente que le redujeran la sentencia, y retiró las acusaciones contra ella. Y por último, pagó la fianza para liberarla. Su candor y su amorosa iniciativa tocaron las fibras más hondas del corazón de Kim. Pudo, por contraste, ser su aventura amorosa por lo que realmente había sido, una pobre imitación del amor verdadero. ¿Cómo podría resistir el amor real, auténtico, genuino de quién no estaba dispuesto a abandonarla? ¿Cómo podría ser infiel a alguien que le había sido tan fiel? No podría. No lo haría. Cuando él la rescata de la prisión, ella se echó en sus brazos, sollozando.
—¡Por favor, nunca, nunca me dejes!
Sus amigos los tildaron de locos, y ellos están de acuerdo.
—De todos modos —explica Steve—, el amor es una forma de locura.
Uno no puede explicarlo lógicamente.
El amor incondicional de Dios es ciertamente inexplicable.
He aquí una verdad prácticamente inconcebible: nada podemos hacer que disminuya el amor de Dios por nosotros. Nuestras acciones no determinan su amor; lo determina su propio corazón. Cuando le damos la espalda, igual nos ama Cuando› rechazamos su invitación a seguirle, igual nos ama. Nuestros errores pueden quebrantar su corazón, Nuestras decisiones equivocadas pueden afligirlo mucho, pero nada puede cambiar su inquebrantable amor por nosotros.
www.meditacionesdiarias.com
www.faceboock.com/meditacionesdiariass
https://play.google.com/store/apps/details?id=com.meditacionesdiarias.mobile
Lecturas Devocionales Familiares 2023
«SOBRE TIERRA FIRME »
Por: MARK FINLEY
Colaboradores: Familia Mariscal & Paty Solares
