«Porque tuve hambre, y ustedes me dieron de comer; tuve sed, y me dieron de beber; fui forastero, y me dieron alojamiento» (Mat. 25:35).
Una primavera, un evangelista y su familia llegaron a nuestra iglesia para llevar a cabo reuniones de evangelización. Estacionaron su casa rodante en el estacionamiento de la iglesia.
Una tarde, mi papá y yo vimos a una adolescente dando vueltas fuera de la casa rodante, con una gran mochila a la espalda.
—¿Podemos ayudarte? —le preguntó mi papá, explicándole que él era el pastor. Irritada, ella dijo que sus padres la habían dejado allí para que pasara la noche con la hija del evangelista, que era amiga suya, pero no parecía haber nadie en la autocaravana.
—Ellos se han ido por unos días —le informó mi papá—. ¿Quieres que llame a alguien para que venga a recogerte?
Ella se encogió de hombros.
—Mis padres no volverán a casa hasta mañana, y no conozco a nadie por aquí. Así que mi papá la invitó a nuestra casa. No fue muy amigable durante la cena, y al terminar se fue directamente a la habitación de huéspedes y cerró la puerta. A la mañana siguiente, sus padres vinieron a recogerla y la llevaron al colegio con internado donde ella estudiaba.
Unos días después fui a la habitación de visitas, donde guardaba mi ropa especial. Fruncí el ceño al ver un montón de perchas vacías. Entonces, comencé a buscar cosas en particular: el suéter azul de mi mamá, mi vestido de graduación ¡No estaban! Mi papá llamó a la preceptora del internado, y ella nos dijo que fuéramos al campus. Cuando llegamos, nos llevó a mi mamá y a mí al hogar de señoritas y dijo: «Vean si su ropa está aquí».
Efectivamente, encontré el suéter de mi madre, mi vestido de graduación, y otras cosas que eran nuestras. Recuperé mis posesiones, y mi papá y la preceptora hablaron con la muchacha. «Ella solo dijo que al ver aquella ropa tan bonita, quiso quedársela», me dijo mi papá.
-iNo puedo creer que haya hecho eso! —exclamé—. Nosotros le dimos de comer, y un buen lugar donde quedarse…
—Las personas no siempre nos recompensan por hacer lo correcto. Pero eso no significa que no debemos hacer lo correcto -me respondió amablemente.
Hoy ya no tengo esa ropa, pero tengo la confianza de que hicimos lo correcto. Y eso es mucho más importante. Lori
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Tomado de: Lecturas Devocionales de Adolescentes 2020
“Una idea genial”
Por: Kim Peckham
Colaboradores: Esteban Cortes & Antonia H
