«A UNO DE ESTOS MIS HERMANOS PEQUEÑOS»

Los métodos para  ayudar  a  los  menesterosos deben  considerarse con cuidado  y oración. Debemos  pedir sabiduría a Dios,  porque él sabe mejor que los  mortales  cortos  de vista  cómo  debe cuidarse a las  criaturas que él  hizo …

Debemos  ayudar a los que,  con  familias numerosas   que  sostener, tienen  que  luchar  constantemente con  la  debilidad   y  la  pobreza.  Más de  una madre  viuda,  con  sus  niños  sin  padre,  trabaja más  de  lo  que sus  fuerzas  le permiten a fin de conservar a sus pequeñuelos consigo  y proveerles  alimento y ropa.  Muchas  madres  que están en esta  situación han  muerto  por  exceso  de trabajo.  Cada  viuda  necesita  el  consuelo  de las palabras  alentadoras, y muchas  son  las que  debieran  recibir  ayuda material.

Algunos  hombres y mujeres  de Dios,  con discernimiento y sabiduría,  debieran  ser designados para atender a los  pobres  y menesterosos, en primer  lugar  a los  de  la  familia  de  la  fe.  Dichas  personas debieran dar a la iglesia su informe y su opinión  acerca  de lo que debería hacerse (Testimonios para la iglesia, t. 6, pp.  280,  281 ).

La Majestad del cielo  identifica sus  intereses con  los de  la humanidad  que  sufre.  Nuestros  asociados y  compañeros  están  necesitados de bondad  sincera  y de tierna  simpatía. Es  imposible crecer en Cristo, nuestra  cabeza  viviente, a menos que practiquemos  la lección  que él nos ha dado de simpatía, compasión y amor.  Es imposible reflejar la imagen de Cristo  a menos  que  este amor,  que  es de origen  celestial, esté  en el alma. Nadie  entrará por los portales de la ciudad  de Dios  que  no refleje este atributo  (Sons and Daughters of God, p.  148).

La medida de la regla  de oro es la verdadera norma del  cristianismo, y todo  lo que  no  llega a su altura  es un engaño.  Una  religión que induce  a los hombres a tener  en  poca  estima  a los seres  humanos, a quienes  Cristo consideró de tanto  valor que  dio su vida por  ellos;  una religión  que  nos  haga indiferentes  a las  necesidades, los  sufrimientos o  los  derechos  humanos,  es  una  religión  espuria.  Al  despreciar  los derechos  de  los  pobres,   los  dolientes  y  los  pecadores,  nos  demostramos  traidores a Cristo.  El cristianismo tiene  tan  poco  poder  en el mundo  porque  los  hombres  aceptan  el nombre  de  Cristo,  pero niegan su carácter  en sus vidas.  Por estas cosas el nombre  del Señor es motivo de  blasfemia.

Acerca de la iglesia apostólica perteneciente  a la época maravillosa en que  la  gloria del  Cristo  resucitado   resplandecía sobre  ella, leemos que  «ninguno   decía  ser  suyo  propio  nada  de  lo  que  poseía»,  «que  no había entre  ellos ningún necesitado», que «con gran poder  los apóstoles daban testimonio  de la resurrección del Señor Jesús,  y abundante  gracia era  sobre  todos  ellos».  Y,  además,  que «perseverando  unánimes  cada día  en  el  templo, y partiendo  el pan  en  las casas,  comían  juntos  con alegría  y sencillez  de corazón,  alabando  a Dios,  y teniendo  favor  con todo el pueblo.  Y el  Señor añadía  cada día a la  iglesia  los que habían de ser salvos».  Hechos 4:32,  34, 33; 2:46, 47.

Podemos  buscar  por  el  cielo  y por  la tierra,  y  no  encontraremos verdad revelada  más poderosa  que  la que se manifiesta  en las obras de misericordia  hechas en favor  de quienes  necesiten de nuestra  simpatía y ayuda.  Tal  es  la  verdad  como  está  en Jesús.  Cuando   los  que profesan  el  nombre  de Cristo  practiquen  los  principios  de  la  regla de  oro, acompañará al evangelio  el mismo  poder de los tiempos apostólicos  (El discurso maestro de Jesucristo, pp.  115,  116).

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Notas de Elena G. White para la Escuela Sabática 2023.
1re. Trimestre 2023 «ADMINISTRAR PARA EL SEÑOR… HASTA QUE ÉL VENGA»
Lección 7: «
«A UNO DE ESTOS MIS HERMANOS PEQUEÑOS «»
Colaboradores: Ana Hironymus & Esther Jiménez

 

 

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