Se enardeció mi corazón dentro de mí; en mi meditación se encendió un fuego y así proferí con mi lengua.
Salmos 39: 3
En la vida de todos los grandes hombres de la Biblia hay momentos de soledad. Los héroes bíblicos eran, en cierto modo, hombres solitarios. No se trataba de esa soledad que destruye y enloquece, sino la de esos momentos en que, lejos del bullicio de esta vida, el ser humano se encuentra con Dios.
En los momentos de soledad, al aire libre, mirando las estrellas del cielo infinito, Abraham recibió la promesa de que su descendencia sería en número abundante. En las horas de meditación, lejos de todo el mundo, Moisés vio la zarza ardiente y recibió la orden de liberar al pueblo de Dios. En esas horas silenciosas, a solas con Dios, David recibió del Señor los más hermosos poemas que embellecen la literatura bíblica.
En el versículo de hoy, el salmista dice «en mi meditación se encendió un fuego». ¿Cómo saber qué es sentir el fuego divino ardiendo en el corazón si no se pasa tiempo a solas con Jesús?
Cuando el Maestro estuvo en este mundo, trató muchas veces de enseñarnos esta lección. Los evangelios dicen que Él «se apartaba de la multitud». Muchas veces entraba en la barca y pasaba al otro lado del mar para estar a solas con su Padre. Después de realizada su labor, difícilmente lo encontraban. Iba a agradecer a Dios por las maravillas que había operado en la vida de ese pueblo sufriente. Iba para recibir más poder, porque toda su fuerza venía de arriba. Pasaba horas en silenciosa compañía con su Padre, mientras los demás dormían.
Si los seres humanos aprendieran hoy a dejar de correr y permanecer en silencio, en la compañía de Jesús, se ahorrarían muchas frustraciones en la vida espiritual. ¿Cómo es que el Espíritu Santo toma posesión de nuestra vida? Cuando meditamos se «enciende un fuego», y estamos listos para hablar del amor de Dios. En el silencio de la meditación es cuando el fuego del Espíritu de enciende en nuestro corazón para consumir los sentimientos, pensamientos y hábitos errados de la vida.
Una persona que pasa por la vida corriendo detrás de las cosas que, aunque importantes, no son vitales para la vida eterna, nunca tiene tiempo ni energía para quedar a solas con Dios, y nunca sabrá qué es en realidad la vida cristiana auténtica. Porque el verdadero cristianismo trasciende las fronteras de la Iglesia. No se limita a una vida en un templo y en la compañía de otros cristianos. El verdadero cristianismo es una experiencia que a vive a solas con Cristo, y de ese compañerismo es de donde vienen las fuerzas para andar en medio de este mundo moralmente deteriorado. En ese compañerismo es donde brota el cristianismo-amor que no condena, pero que no acepta el pecado, que no lastima a las personas, sino que las anima a abandonar la vida pecaminosa por la transformación que viene de Cristo.
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Matinal Para Toda La Familia 2018.
“A Solas Con Jesus”
Por Alejandro Bullón
