«Pues aunque el ejercicio físico trae algún provecho, la piedad es útil para todo, ya que incluye una promesa no solo para lo vida presente, sino también para la venidera». 1 Timoteo 4: 8, NVI
DESPUÉS DE HABER AÑADIDO paciencia a la temperancia, debemos seguir ascendiendo en la escalera del progreso y añadir piedad a la paciencia. Este es el resultado de la paciencia. El apóstol Pablo dijo: «Nos gloriamos en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce paciencia; y la paciencia, prueba; y la prueba, esperanza» (Rom. 5: 3, 4).
Aquí, entonces, tenemos una nueva gracia, la piedad, que debe tener el espíritu y la semejanza de Jesucristo. El fin que Dios persigue en todo su trato con nosotros es elevarnos hacia su ideal divino, y es el que persigue todo el plan de salvación. […] La corrupción del mundo está procurando posesionarse de nuestros sentidos; todas las influencias impías, que se advierten en todas partes, están trabajando para mantenernos en un nivel bajo y terreno —cegando nuestras sensibilidades, degradando nuestros deseos, debilitando nuestra conciencia, e invalidando nuestras facultades religiosas—, al impulsarnos a prestar atención a la naturaleza inferior. […]
La preciosa escalera está para alejarnos de todo esto. La atención es atraída hacia Dios, encima de la escalera. La gloria de allá arriba lanza una invitación: «Vengan más alto». El corazón es atraído. Se dan pasos ascendentes, uno después de otro. Y así vamos ascendiendo cada vez más.A cada paso que se da, la atracción se hace mayor. Mayores y más santas ambiciones toman posesión del alma. Queda atrás la culpa de la vida pasada. No nos atrevemos a mirar hacia abajo, hacia aquellas cosas que durante largo tiempo envenenaron la fuente de la verdad y de la felicidad, despertaron el remordimiento, debilitaron y depravaron la voluntad, y reprimieron todo impulso hacia el bien. […]
El propósito de la Palabra de Dios es inspirar esperanza, guiarnos […] a ascender paso a paso hacia el cielo, con vigor cada vez más creciente. […] Logramos la semejanza del carácter divino por el impartimiento de su propia gracia. […] Así como la cera recibe la impresión del sello, también el corazón recibe y retiene la imagen moral de Dios. Somos llenados y transfigurados por su esplendor, así como la nube negra adquiere una blancura inmaculada cuando la llena la luz.— Manuscrito 13, 1884, pp. 8, 9.
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Devocional Vespertino Para 2022.
«NUESTRA ELEVADA VOCACIÓN»
Por: Elena G. de White
Colaboradores: Jacqueline Lora & Martha González.

